martes, 8 de mayo de 2018

No es el País de Las Maravillas, pero se le parece

















Imaginate esta situación…
Un día como hoy, hace unos cuantos años… yo tenía como 6…
La lluvia forma una cortina a la que veo desde la cocina. Estoy en el fondo de una casa larga, de esas que llaman chorizo. Para mí, la casa más grande y linda que conocí. En ella puedo soñar libremente y lo que sueño, es posible.
No es el País del Nunca Jamás, ni el de Alicia, pero ahí pasan cosas raras, como en los cuentos: los viejos son jóvenes, los gritos no existen, y mi mascota es un gallo que de tan enorme y bravo lo saco a pasear atado con un piolín al cuello, rescatándolo de su improvisado gallinero, al menos, por un rato, todas las tardes.
Como siempre, me dispongo a jugar. Nadie se niega. Y todo se transforma.
Lo inútil se vuelve útil: el hierro porta macetas (sin maceta) se transforma en la ventana por la que me asomo, los cajones de fruta que me presta el verdulero, son un cómodo sillón. Mi mesa y mi pequeño banquito de madera improvisan un living. Estoy lista para recibir visita. Y yo, por supuesto, yo soy grande y además, una mamá obvio… (qué otra cosa podía haber elegido ser en aquella época) Tengo que ser como tal, así que cocino postres ficticios, se los sirvo a mis ficticios hijos, y elaboro bebidas también ficticias, que coloco en sus respectivos vasos. En la casa hay inquilinos y, mientras sentados en sus máquinas de coser y aparar, trabajan, simulan tomar esos brebajes mágicos con los que los invito, mientras me hacen creer que los engaño. Yo me asombro y me río.

En la casa chorizo, con la tía mediante, la vida es un juego y aún los adultos viven jugando.

La tía canta. Canta y cocina. Su pan negro perfuma el aire con su aroma. Entonces llega la hora: ya son las cinco: la leche y el tazón enorme se acercan. Piluso comparte conmigo la merienda. Inclino la taza, la chocolatada endulza mi boca. En tanto el pan que zambullo en la leche, y la manteca, en forma de globo, se escapa. Se va nadando, se aleja de mí, choca contra la losa y explota. El sonido de su golpe me sobresalta. Despierto. Estoy sentada en mi sillón. Acabo de descubrir que mi penúltimo paciente faltó a la cita. La lluvia forma una cortina que no veo... Y yo tengo… no pienso decirte cuántos años.

   Stella Maris Riera - CuentaCuentos 

1 comentario:

  1. Estoy de vuelta. Es que entre tanto mosaico, dibujo y trabajo... Por suerte llegó la lluvia... y a mí la lluvia... a mí lluvia... me inspira ja! Nos estaremos leyendo.

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