lunes, 8 de agosto de 2016

Cuando los ojos de él sólo miraban los míos (Anecdotario)


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Diálogos de diván
Me lo contó apenada. Dijo recordar aquel tiempo, en que los ojos de él, sólo parecían mirar los suyos. Cuando no había un afuera. Cuando la palabra dos, no aparecía en su vocabulario. Mientras me lo decía lloraba. -En esa época éramos sólo uno, su mirada bastaba para saber lo que necesitaba, una simple pregunta y al unísono surgía una misma respuesta -. 
Hizo un silencio. Tomó un pañuelo de papel que había a su lado, secó sus lágrimas y con una mueca parecida a una sonrisa, expresó: – no… si no es tristeza, sólo reflexiono sobre cuánto hemos cambiado - El es feliz con su música, yo con mis libros, a veces ambos lo somos al ver una vieja película, tomando un mate, coincidiendo; y si bien hay días en que apenas nos cruzamos, y otros, en los que la urgencia cotidiana nos tiene corriendo a cada uno en lo suyo…¿sabe? a veces ocurre. Es cierto, ocurre poco… pero cuando sucede, la magia aparece nuevamente entre nosotros, y los ojos de él, sólo parecen mirar los míos -.
Stella Maris Riera – Buenos Aires – Argentina (1958)

De Historias Irreales y no tanto… Parte 3: Nostalgias

lunes, 1 de agosto de 2016

Una Caricia Jabonosa



La cocina ardía en un infierno, caliente. Corrían los primeros años de mi infancia y el estrecho tacho de aluminio reemplazaba al cuarto de baño que aún no lográbamos tener. 
El vapor lo cubría todo; los vidrios se empañaban. Yo dibujaba nubes que pronto transpirarían sus lluvias. Yo me deleitaba. 
La Tía colgaba mi ropa interior cerca del fuego y en esas mañanas frías, el olor de la sopa se mezclaba con su perfume a madre. El pan negro ya se cocinaba en el horno y yo comenzaba desde temprano con mis sueños de leche chocolatada. Ese pan, solidario, se dejaría rozar por la manteca, que enamorada de su aroma, se derretiría entregada en su regazo. 
El baño duraba poco. El agua se enfriaba rápido. 
Sin embargo, el calor de La Tia Angelita, ese que me transmitía en cada caricia jabonosa, me calentaba el cuerpo y el alma, tanto, que se quedaría en mí, para toda la vida.

Stella Maris Riera - Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias