Mostrando entradas con la etiqueta clinica con niños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta clinica con niños. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de agosto de 2017

CHARLAS ENTRE VOS Y YO


El Camino de la Vida
A modo de introducción...
Las crisis evolutivas, también conocidas como crisis del desarrollo, ocurren durante ese proceso, justamente, de cambio, entre las diferentes etapas de la vida del sujeto. El paso de la infancia a la pubertad, de ésta a la adolescencia, de la adolescencia a la adultez, para luego llegar, si la salud y el optimismo acompaña, a sentir el placer de ser unos bellos viejos.
Si se ha tenido una infancia acompañada, sostenida, con un padre presente, contenedor, representante de la Ley y (al decir de Winnicott) una madre lo suficientemente buena, amorosa, ambos respetuosos del deseo del hijo, va a ser mucho más fácil el camino que venga por delante​. Llegar a ser un Sujeto Deseante. Sujeto con S Mayúscula, (diría Lacan: Sujeto Barrado) diferenciándose de aquel, el primitivo sujeto de la necesidad. Ese que por primera vez lloro, demandando alimento y quien luego de oír la voz y sentir el calor de la persona que desempeño entonces la función materna, volverá a llorar... pero ahora "su grito será un llamado" y ya no pedirá (sólo) alimento, pues ya sabe que junto a la leche tibia también llega el abrazo. El sujeto de la necesidad que gritó pidiendo alimento ahora demandará (además) amor.
La familia representa la pequeña porción de cultura de la que se es parte. Ella le permitirá al niño sumergirse en un baño de lenguaje, con una lengua común y compartida, que proveerá de mandatos, otorgará reglas, facilitará futuras identificaciones y con ello, identidad. Una identidad subjetiva y singular que hará del niño, un ser único e irrepetible, el mismo que a pesar de algun déficit tendrá el placer de conocer y disfrutar del libre albedrío.
Familia, lo que quiero transmitirles, es que si todo sale como es esperable, habremos acompañado a nuestro hijo en el viaje que le permita construirse como Sujeto De Deseo. De ahí en más, le espera la libertad de elegir, de tomar decisiones y con ello, ser feliz.

Hablame que tengo Miedo

El siguiente extracto viene a ejemplificar algunos conceptos de la nota anterior tales como sostén, acompañamiento, demanda de amor. Espero te resulte esclarecedora.
Extracto del Cap. El Sentimiento de Soledad del libro La Construcción del Sujeto Ético de Silvia Bleichmar"
(...) Freud trae asociadas las primeras fobias a LA OSCURIDAD y a LA SOLEDAD.
(...) Marca muy bien lo siguiente:
La fobia a la oscuridad puede persistir durante toda la vida y tiene en común con la fobia a la soledad, la nostalgia por la persona amada, que cuida al niño, vale decir, por la madre (...)
Y nos ilustra con el siguiente ejemplo
Dice así: -Una vez oí desde la habitación vecina, exclamar a un niño, que se angustiaba en la oscuridad:
"Tía, háblame, tengo miedo. A lo que ésta respondió: "Pero ¿de qué sirve que hable si no puedes verme?"; y respondió el niño: "Hay más luz cuando alguien habla"
Es Silvia Bleichman quien explica:
Este ejemplo (...) da cuenta de cómo es la voz lo que genera luz, cómo es la voz lo que produce la sensación de acompañamiento.
En palabras de S. Freud:
"la añoranza en la oscuridad se transforma en angustia"
Él parte de la hipótesis de que esta angustia proviene de la libido no aplicada (...)
En realidad, es libido que se encuentra desligada del objeto con el cual ligarse y resolverse. (*)
La libido aparece entonces como atacante interno (...) no logra la resolución y ataca al sujeto desde el interior".
(*) Si este tema te interesa poder seguir los sig enlaces
Adolescencia
Si existe un momento de crisis y conflicto por excelencia, es el que tiene lugar, en el paso de la niñez a la adolescencia. 
Hasta entonces, el niño era sólo un niño, así, sin vuelta alguna. Pero luego, con el término de la escuela primaria, el niño no es tan niño. La llegada de la pubertad hace que su cuerpo comience a cambiar, y también su imagen. Esa imagen que hace que se vea diferente para el entorno, pero que principalmente cambiará para él, dentro suyo. La imagen de sí mismo cobra una importancia que hasta entonces no tenía. O al menos, no con tanto peso. Las hormonas sacuden el cuerpo, también las emociones. Lo confunden, lo avergüenzan, lo excitan. Este cambio representa una crisis, que le incumbe a él, y que además, afecta a su familia. Ay de la familia!
Es ella la que suele llegar al consultorio pidiendo asesoramiento -porque mi hijo ya no es como era antes- -porque se volvió contestador, y nosotros no lo educamos así- -porque se encierra en su cuarto y no sale en todo el día- -porque no se despega del teléfono- -porque le hablamos y ni responde- -porque nos dice que "mi vida es mía" y no nos permite opinar-.
Digamos que estos son apenas algunos ejemplos.
La vida de la familia se modifica, sus costumbres se alteran.
En el hijo soplan vientos de identidad.
Llega la adquisición de nuevas identificaciones. El pensar por sí mismo, elegir, tomar decisiones, hacerse responsable. La sexualidad, el sexo, los grupos, la pertenencia a ellos, la prioridad de los amigos, los nuevos sentimientos, la reconstrucción de los valores adquiridos son sólo algunos de los temas que de acá en más ocupará la atención del adolescente.
Y entonces, nuevamente, ay de la familia!
Cómo comprender, reacomodarse, aceptar a ese Sujeto que se está gestando con libre albedrío, con ansias de independencia y libertad.
Y las normas? - porque mientras viva bajo nuestro techo va a tener que hacer lo que nosotros le decimos. Que esta casa no es un hotel. Que así no le enseñamos-
Los viejos mandatos familiares forman fila en su mente, jugando a cual queda y cuál se irá, trabajo psíquico mediante.
En fin, que así es la adolescencia.
Ay de la familia! 😉




viernes, 9 de septiembre de 2016

No Me Maltrates





Sabías que la violencia ejercida en la familia afecta al niño no sólo en su salud física, sino también en su salud mental?

Sabías que violencia no es solo la que el niño recibe directamente sobre él, sino además la que él (de manera pasiva) está obligado a presenciar? Lease discusiones, peleas entre los padres de la que él participa sin querer hacerlo, sin poder hacer nada, ni cambiar nada*

Sabías que un niño con el que se comunican con un vocabulario soez, con gritos o golpes, presentan (y está científicamente comprobado) futuras conductas que no son las esperables? : falta de concentración, irritabilidad, hiperactividad o su contrapartida la inhibición. Sabías que además se verá afectado en su autostima, su seguridad y confianza? **

*Sólo a modo informativo enumero a continuación diferentes formas de maltrato
1- Maltrato físico
2- Maltrato emocional o psicológico (formas como la hostigación, la denigración, y la negligencia)
3- Maltrato ejercido sobre un tercero en presencia del niño lo que lo convierte en testigo pasivo de la misma
4- Abuso sexual (en todas sus variantes)

* A modo de ejemplo voy a mencionarte algunas de las conductas que suelen aparecer en el niño víctima de maltrato:
1- ausencia de juego por inhibición (miedos que lo paralizan)
2- juegos con contenidos violentos (que pueden poner en riesgo a sus pares o a él mismo, que realizan haciendo activo lo sufrido pasivamente, a modo de catarsis)
3- actitud hiper-vigilante (la que deriva luego en falta de atención o dificultad para la resolución de situaciones problemáticas en otras áreas de su vida ej, escuela)
4- actitud inadecuada hacia los adultos (ej. querer agradar)
5- miedos a los adultos (se perciben gestos en el niño que denotan intentos de querer protegerse ej. brazo que se antepone entre el adulto y él)
6- rehuir la mirada de los otros (el niño adquiere la creencia que cualquier cosa que haga o diga puede ser causante de enojo y la consecuente agresividad. Teme que su mirada lo delate de algo que probablemente ni hizo, pero que él de modo inconciente se culpa en busca de una justificación)
7- silencios, introspección, aislamiento, evitación.

Mamá / Papá
Entiendo que puede ocurrir que hayas aprendido un modo de comunicación que no es el favorable ni el adecuado, es más, tal vez ese modo que resultó ser agresivo, grosero, violento, no te hace bien ni a vos, ni a tu entorno, y mucho menos a tu propio hijo.
Entiendo incluso que a lo mejor hasta no te hayas dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Estabas tan acostumbrada/o a esta forma que ya se hizo "normal" de puro cotidiana. Pero tratarse mal, gritarse, o agredirse, o amenazar te está lastimando a vos y lastima a quienes te rodean, y en este caso estoy hablando muy especialmente de tu hijo.
Por eso, si hasta ahora no te diste cuenta, y luego de leer estas líneas lográs ver que algo de esto está pasando en tu hogar, date una oportunidad y a tu hijo.

El es un niño, no puede defenderse, su estatura no se lo permite, su maduración mucho menos. 

Reaccioná. No permitas que tu hijo esté en riesgo. Permití que tu hijo tenga una vida sana, sin traumas.
Cuidate y cuidalo. Estoy segura que vas a lograrlo.
Y si sóla/sólo no podés no te olvides, pedí ayuda. Vos y tu hijo, lo merecen.

Lic. Stella Maris Riera - Psicoanalista
Terapia del Niño y Su Familia
lic.smriera@yahoo.com.ar





martes, 12 de julio de 2016

AnEcdOtAriO: La Confianza (clínica con niños)




Hace unos años con un pacientito cuya confianza en sí mismo ( y por ende en el prójimo) estaba bastante baja "jugábamos" al famoso juego de "dejarse caer". 
Este juego como sabrás consiste en ponerte de espaldas delante de tu compañero (en este caso yo) y sin mirar hacia atrás a la cuenta de tres dejarte caer para que el otro "te sostenga". 
No lo conseguimos en una primera intención, por supuesto, pero llegó el día que el mismo me pidió "jugar" y "confiado" cayó en mis brazos que, obviamente, como él ya sabía, lo sostuvieron. 
Un día de tantos el juego comenzó como ya era casi una costumbre. El se ponía feliz de lograrlo. Fue entonces cuando mirándome con una sonrisa pícara, me dijo: yo ya confío, ahora, te toca a vos.



Lic. Stella Maris Riera - Psicoanalista UBA 
lic.smriera@yahoo.com.ar

miércoles, 29 de junio de 2016

Mi hijo no hace caso - La Clínica con Niños: La Torre de Hanoi Parte 2


ANECDOTARIO
Clínica con Niños – La Torre de Hanoi

Este niño que a partir de ahora llamaré Juan,  se dispone a “jugar” con la torre.
Escuchó la consigna, dijo haberla entendido, y va a comenzar. Está concentrado.
Los primeros tres discos los mueve “sabiendo” cuáles son los movimientos que debe realizar. Luego del cuarto disco, los movimientos comienzan a ser más, y menos efectivos. Continúa muy concentrado. Su atención está puesta sólo en su su próxima jugada. El silencio invade el consultorio. Comienza a ponerse inquieto (lo noto porque hace un movimiento repetitivo con su pierna, y se acomoda una vez y otra en el sillón, cada tanto, resopla “mostrándome” que está cansado). Sin embargo, persevera.
En ningún momento intenta abandonar el juego ni volver a empezar. Insiste. Los minutos pasan y los movimientos se vuelven confusos, ya no tienen la lógica con la que había comenzado en sus primeros tres. Intervengo preguntándole qué siente. Responde que nada. Está contrariado. (Yo estoy observándolo. Esto impide que haga trampa, que pueda, a su antojo, cambiar alguna regla –pero esto es solo una presunción-)
Ya pasó media hora desde que comenzó la sesión y la posibilidad de resolver la torre antes que termine su hora, se va alejando. Su inquietud se hace manifiesta.
Le comento que ya está por llegar su papá y que si le parece bien podemos dejar “el juego” en suspenso para terminarlo la semana próxima. (Cabe aclarar que en otras oportunidades y con otros juegos la ansiedad de este niño no habría permitido dejar algo inconcluso para terminarlo en otro momento) Pero esta vez, accede.
La torre queda apoyada a un costado suyo con seis discos ubicados de forma correcta. Entonces, se apoya sobre su espalda y sin mediar palabra, llora. Le pregunto por qué llora, si quiere hablar de lo que le pasa, pero no contesta. Suena el timbre (su papá está en la puerta, viene a buscarlo). Se levanta para irse y antes que lo haga, intervengo:

-Hoy fue un día importante, estuviste mucho tiempo intentando resolver la torre y aunque no llegaste al resultado que esperabas, insististe… y si… te enojaste un poquito, pero supiste controlar ese enojo. Eso es positivo. También te angustiaste. Se que te apena no haber logrado lo que esperabas… pero tenés que saber que en el juego como en la vida, no siempre se gana, que lo importante es lo que hacemos para alcanzar lo que queremos y que cuando algo no resulta como esperamos se puede pensar en otras formas de solución. Está bueno ser perseverante, pero a veces hay que reconocer que estamos equivocándonos, y tal vez, pensar en la posibilidad de cambiar el modo de actuar. A lo mejor haya que revisar lo que hicimos, y volver a comenzar, en lugar de insistir e insistir en lo que no nos permite avanzar. Si siempre hacemos lo mismo, siempre obtenemos el mismo resultado. De los errores también se aprende. Como en la vida ¿viste? –

Cuando Juan vuelve a la sesión siguiente la torre sigue en el mismo lugar que él la dejó Entra rápido (antes que yo llegue ya está de nuevo, intentando “resolver su problema”) Esta vez lo hace con movimientos seguros y más rápidos. No hay angustia ni enojo. Si hay dedicación y empeño. Llega hasta el disco 8. Termina su tiempo. Se va contento. (¿será que ha avanzado esta vez, un poquito más?) A la siguiente sesión la torre continúa en su lugar. Sólo faltan dos discos para alcanzar la meta propuesta. Pero esta vez Juan me pregunta si puede mostrarme un juego, que quiere hacer otra cosa. Le contesto que como él lo desee.
Juan saca su computadora de la mochila y pone un juego en el que “debe sortear obstáculos” y de este modo avanzar pasando pantallas. Lo hace una vez, pierde una vida. Vuelve a comenzar. Lo hace nuevamente. Pierde otra vez. Vuelve a comenzar y cuando lo hace comenta: esta vez voy a hacerlo de otra forma. Y avanza. Se lo hago notar – en el juego como en la vida no siempre se debe insistir en la misma forma de proceder, darse cuenta a tiempo del error, y cambiar te dejó llegar más lejos – Sonríe y comenta – la próxima vez termino la torre –

Y colorín colorado, este proceso, no se ha terminado…



Stella Maris Riera - Psicologa - UBA 


Mi hijo no hace caso - La Clínica con Niños: Torre de Hanoi (parte 1)


Un niño no llega a terapia, "lo traen". Un niño no demanda tratamiento, "lo hacen sus padres". Un niño no siente que tiene un problema, el problema "lo tiene su familia". Con lo cual, el trabajo con un niño no es tarea sencilla. Hay que generar un vínculo y con suerte, con el tiempo, su propia demanda.
Requiere de un largo e intenso proceso, donde el niño y también el terapeuta, irán buscando / encontrando, diferentes formas de acercamiento y comunicación.

Como muchos ya saben el juego es el medio privilegiado para transitar este camino que poco a poco nos irá llevando a alcanzar pequeñas metas.

Hoy quiero contarles acerca de un juego que en el ámbito de la clínica se transforma en una herramienta de evaluación y diagnóstico como tantas otras.

                                                     

Se trata de la conocida Torre de Hanoi: es un juego al tiempo que un test. 
Permite evaluar la función ejecutiva del niño. Esto se debe a que su resolución requiere de planificación, control y organización. Además se necesita pensar, perseverar, preveer movimientos.
Este juego, al igual que muchos otros, le permite al niño encontrarse con sus sentimientos y emociones tales como frustración, enojo, ansiedad, y angustia. 
Cada niño tendrá SU encuentro particular y subjetivo con el "juego". 

En fin, una herramienta más en la clínica con niños. 

(Si te interesa leer un caso clínico seguí el siguiente enlace Torre de Hanoi (Parte 2)

http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2016/06/mi-hijo-no-hace-caso-la-clinica-con_94.html








miércoles, 15 de junio de 2016

Mi hijo no hace caso – La Clinica con Niños

Si este tema te interesa seguí los sig enlaces
http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2015/06/mi-hijo-no-hace-caso-descontrol-de.html
http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2016/06/mi-hijo-no-hace-caso-cuando-el-nino.html

La clínica con niños tiene una peculiaridad: no es el niño sino los padres quienes solicitan la consulta. Por eso, la transferencia con los padres, es indispensable.
El analista tendrá que tomarse tiempo. Un tiempo que no es el de él, sino de los papás y del niño. A medida que las entrevistas se vayan sucediendo, se irá construyendo el vínculo. En ese vínculo surgirá el sujeto, y con él, también surgirá la demanda, para tratarlo, a la espera de aliviar su sufrimiento.
Las fantasías inconcientes de los padres, tienen efecto sobre los hijos, y si tenemos suerte, tal vez, podamos oírlo en su discurso, verlo en su juego o inferirlo en sus dibujos.
Así por ejemplo, y sin pretender caer en falsas generalizaciones, las zonas sombreadas y el lugar donde éstas se ubican, son tenidas en cuenta a la hora de ver los conflictos; así como una boca grande y dentada descubre, aún, lo más escondido. Por supuesto vale aclarar que si bien los niños se manifiestan en sus dibujos, éstos se complementan con el resto de sus diferentes expresiones. Ninguno de estos ítems tienen valor aisladamente, la vida no es causa y efecto, y nada es analizado como los viejos jeroglíficos de la antigüedad. Estos datos son a modo de ejemplo, para contarles acerca de todo aquello, de lo que el niño, aún sin quererlo, puede expresar.
El inconciente persiste e insiste, y de alguna forma encuentra el modo de manifestarse.
Los niños, lo hacen como pueden: a veces es a través de la palabra, pero cuando esto no sucede, es en un sueño o un síntoma, o como vemos, en un dibujo donde el inconciente encuentra una vía regia para saltar la barrera de la represión y salir al exterior.
Los niños, además de niños, son sujetos. Tienen mucho para decir, sólo necesitamos animarnos a escucharlos.
En esa escucha algunas veces, nos encontraremos con un conflicto que será individual; otras veces, el síntoma del niño será sólo un emergente de un conflicto familiar. Entonces tendremos que comenzar a usar el plural y si tenemos suerte, esta familia dejará de nombrar al niño como “el enfermo” para admitir: “algo nos está pasando”.
Como siempre, y para todos los casos, LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES, ES UNO DE LOS PILARES PARA LA SALUD MENTAL DE LOS HIJOS.

Stella Maris Riera – Psicoanalista – UBA