Mostrando entradas con la etiqueta ANeCdOtaRio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ANeCdOtaRio. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de octubre de 2018

Octubre 12 -amaneció lluvioso-

Pienso (luego...sigo pensando🙄
La Vida es Ciclotímica😕 Como dice Cortázar es un "me caigo y me levanto", constante, imperecedero, perenne. La vida es rehabilitación. Es volver a comenzar 1, 2, mil veces y si es posible, con ímpetu, con ánimo de resurrección, con la alegría del renacimiento, con el impacto de la reconstrucción. La vida te ejercita el pensamiento, las vísceras, la mente y el corazón. No sé vos... pero mis vísceras, son primas hermanas de mis pasiones. Pretendiendo dejarse domeñar, me engañan. Me hacen creer que curaron, cuando sólo tomaron un descanso y vuelven con todo...saltando a destiempo, como otrora lo hacía mi corazón en su loca batucada, extrañando ese nudo que se apretaba en la boca del estómago, extrañando su inespecífico dolor. 
Mejor leo a Galeano, y "me creo" que me impacta su golpe, ése que me pega su prosa  brutal describiéndonos como sociedad mediocre e individuos egoístas. 
Pero yo sé que no es Galeano. 
Sé que no es sólo la miseria, la que me amarga. Está la otra, la miseria humana. Esa, la colectiva, la que me inunda, te llega también a vos, y a todos nos invade. Es ésa y también la propia. La más personal, la más cercana, tanto, que no puedo eludirla. 
Es complicado. Siento que no logro describirlo...
Apenas son las 7AM. Mi cama me clava su mirada, me obliga a levantarme. Otras veces, me cobijó con su arrullo, me arropó, me dejó acurrucarme entre sus colchas recordándome aquel abrazo consolador de la tía. (Cómo te extraño!)
......
Hoy, quisiera que estuvieras conmigo, que sobre tu pecho me apretaras mucho, hasta que mi respiración zozobrara y, creyéndome sin aire, casi inerte, no me quedara otra elección más que inspirar profundo, soltar amarras, y en un loco sobresalto volver a empezar. Dar un imaginario paso hacia atrás, tomar impulso, y como flecha, salir disparada hacia delante, re-construida, re-construyéndome y entonces, mejor que nunca, re-comenzar. 


Me llamo Stella. Muchos, me dicen "Stellita". Y hoy (de tan lluviosa) me siento más así que nunca.


Stella Maris Riera (1958) Psicoanalista
Nacida en Buenos Aires, Argentina
Mail: lic.smriera@yahoo.com.ar


sábado, 20 de enero de 2018

2018

De continuar así... estoy de vuelta.
Correos erróneos, contraseñas equivocadas, y nuevas actividades, me mantuvieron alejada de sublimar. 
La escritura quedó postergada (aunque no olvidada) y dio paso al "obrador" que estaba escondido en alguna parte de mí. El año pasado salió, e hizo de las suyas. 
Por eso, desde faceboock  Mosaicoslalic  fui compartiendo algunos de los trabajos que hice a lo largo del año. Quien quiera acompañarme en este nuevo y apasionante camino no tiene más que buscarme siguiendo es enlace que figura a continuación
Proximamente es probable que suba algunas fotos a este blog
Les envío un caluroso saludo ... y no por altas temperaturas... :)
Nos estaremos leyendo 

Stella Maris Riera 
(LaLic / contadora de historias / pretendida artista)

lunes, 8 de agosto de 2016

Cuando los ojos de él sólo miraban los míos (Anecdotario)


https://es.pinterest.com/source/gubiasypincelesrafael.blogspot.mx/

Diálogos de diván
Me lo contó apenada. Dijo recordar aquel tiempo, en que los ojos de él, sólo parecían mirar los suyos. Cuando no había un afuera. Cuando la palabra dos, no aparecía en su vocabulario. Mientras me lo decía lloraba. -En esa época éramos sólo uno, su mirada bastaba para saber lo que necesitaba, una simple pregunta y al unísono surgía una misma respuesta -. 
Hizo un silencio. Tomó un pañuelo de papel que había a su lado, secó sus lágrimas y con una mueca parecida a una sonrisa, expresó: – no… si no es tristeza, sólo reflexiono sobre cuánto hemos cambiado - El es feliz con su música, yo con mis libros, a veces ambos lo somos al ver una vieja película, tomando un mate, coincidiendo; y si bien hay días en que apenas nos cruzamos, y otros, en los que la urgencia cotidiana nos tiene corriendo a cada uno en lo suyo…¿sabe? a veces ocurre. Es cierto, ocurre poco… pero cuando sucede, la magia aparece nuevamente entre nosotros, y los ojos de él, sólo parecen mirar los míos -.
Stella Maris Riera – Buenos Aires – Argentina (1958)

De Historias Irreales y no tanto… Parte 3: Nostalgias

martes, 12 de julio de 2016

AnEcdOtAriO: La Confianza (clínica con niños)




Hace unos años con un pacientito cuya confianza en sí mismo ( y por ende en el prójimo) estaba bastante baja "jugábamos" al famoso juego de "dejarse caer". 
Este juego como sabrás consiste en ponerte de espaldas delante de tu compañero (en este caso yo) y sin mirar hacia atrás a la cuenta de tres dejarte caer para que el otro "te sostenga". 
No lo conseguimos en una primera intención, por supuesto, pero llegó el día que el mismo me pidió "jugar" y "confiado" cayó en mis brazos que, obviamente, como él ya sabía, lo sostuvieron. 
Un día de tantos el juego comenzó como ya era casi una costumbre. El se ponía feliz de lograrlo. Fue entonces cuando mirándome con una sonrisa pícara, me dijo: yo ya confío, ahora, te toca a vos.



Lic. Stella Maris Riera - Psicoanalista UBA 
lic.smriera@yahoo.com.ar

miércoles, 29 de junio de 2016

Mi hijo no hace caso - La Clínica con Niños: La Torre de Hanoi Parte 2


ANECDOTARIO
Clínica con Niños – La Torre de Hanoi

Este niño que a partir de ahora llamaré Juan,  se dispone a “jugar” con la torre.
Escuchó la consigna, dijo haberla entendido, y va a comenzar. Está concentrado.
Los primeros tres discos los mueve “sabiendo” cuáles son los movimientos que debe realizar. Luego del cuarto disco, los movimientos comienzan a ser más, y menos efectivos. Continúa muy concentrado. Su atención está puesta sólo en su su próxima jugada. El silencio invade el consultorio. Comienza a ponerse inquieto (lo noto porque hace un movimiento repetitivo con su pierna, y se acomoda una vez y otra en el sillón, cada tanto, resopla “mostrándome” que está cansado). Sin embargo, persevera.
En ningún momento intenta abandonar el juego ni volver a empezar. Insiste. Los minutos pasan y los movimientos se vuelven confusos, ya no tienen la lógica con la que había comenzado en sus primeros tres. Intervengo preguntándole qué siente. Responde que nada. Está contrariado. (Yo estoy observándolo. Esto impide que haga trampa, que pueda, a su antojo, cambiar alguna regla –pero esto es solo una presunción-)
Ya pasó media hora desde que comenzó la sesión y la posibilidad de resolver la torre antes que termine su hora, se va alejando. Su inquietud se hace manifiesta.
Le comento que ya está por llegar su papá y que si le parece bien podemos dejar “el juego” en suspenso para terminarlo la semana próxima. (Cabe aclarar que en otras oportunidades y con otros juegos la ansiedad de este niño no habría permitido dejar algo inconcluso para terminarlo en otro momento) Pero esta vez, accede.
La torre queda apoyada a un costado suyo con seis discos ubicados de forma correcta. Entonces, se apoya sobre su espalda y sin mediar palabra, llora. Le pregunto por qué llora, si quiere hablar de lo que le pasa, pero no contesta. Suena el timbre (su papá está en la puerta, viene a buscarlo). Se levanta para irse y antes que lo haga, intervengo:

-Hoy fue un día importante, estuviste mucho tiempo intentando resolver la torre y aunque no llegaste al resultado que esperabas, insististe… y si… te enojaste un poquito, pero supiste controlar ese enojo. Eso es positivo. También te angustiaste. Se que te apena no haber logrado lo que esperabas… pero tenés que saber que en el juego como en la vida, no siempre se gana, que lo importante es lo que hacemos para alcanzar lo que queremos y que cuando algo no resulta como esperamos se puede pensar en otras formas de solución. Está bueno ser perseverante, pero a veces hay que reconocer que estamos equivocándonos, y tal vez, pensar en la posibilidad de cambiar el modo de actuar. A lo mejor haya que revisar lo que hicimos, y volver a comenzar, en lugar de insistir e insistir en lo que no nos permite avanzar. Si siempre hacemos lo mismo, siempre obtenemos el mismo resultado. De los errores también se aprende. Como en la vida ¿viste? –

Cuando Juan vuelve a la sesión siguiente la torre sigue en el mismo lugar que él la dejó Entra rápido (antes que yo llegue ya está de nuevo, intentando “resolver su problema”) Esta vez lo hace con movimientos seguros y más rápidos. No hay angustia ni enojo. Si hay dedicación y empeño. Llega hasta el disco 8. Termina su tiempo. Se va contento. (¿será que ha avanzado esta vez, un poquito más?) A la siguiente sesión la torre continúa en su lugar. Sólo faltan dos discos para alcanzar la meta propuesta. Pero esta vez Juan me pregunta si puede mostrarme un juego, que quiere hacer otra cosa. Le contesto que como él lo desee.
Juan saca su computadora de la mochila y pone un juego en el que “debe sortear obstáculos” y de este modo avanzar pasando pantallas. Lo hace una vez, pierde una vida. Vuelve a comenzar. Lo hace nuevamente. Pierde otra vez. Vuelve a comenzar y cuando lo hace comenta: esta vez voy a hacerlo de otra forma. Y avanza. Se lo hago notar – en el juego como en la vida no siempre se debe insistir en la misma forma de proceder, darse cuenta a tiempo del error, y cambiar te dejó llegar más lejos – Sonríe y comenta – la próxima vez termino la torre –

Y colorín colorado, este proceso, no se ha terminado…



Stella Maris Riera - Psicologa - UBA 


sábado, 21 de mayo de 2016

21 gramos


Esta mañana al levantarme y apoyar los pies en el piso, me sentí más liviana. Pensé que en estos días de emociones y trajines había adelgazado. Me subí a la balanza y me pesé. Entonces lo entendí... me faltaban los veintiún gramos que pesa mi alma, que ansiosa e intrépida, me había abandonado, y sorteando cualquier otro reclamo, ya estaba disfrutando feliz, acurrucada justito ahí, entre mi hija y mi nuevo nieto.
Stella Maris Riera – Buenos Aires – Argentina – Abril 2014

viernes, 20 de mayo de 2016

Un solo universo



Me siento al sol

Su calor endulza mi oído
Descansa en mis piernas
Arde en mi cara

Mis ojos se cierran -para verte mejor-
Su aliento, caliente, me acaricia
Su frenesí, vehemente, me penetra

Yo, me dejo invadir
Su aroma, se mezcla con el mío
Soy con él

Ambos unidos un solo universo
Creía estar sola
Hasta que me senté al sol


Stella Maris Riera - Psicoanalista - Contadora de Historias

jueves, 19 de mayo de 2016

Cuando la Calle era de Todos




Siii quiero que vuelvan... quiero a los nenes jugando en la calle, quiero que cortemos el pasaje con algún auto atravesado cerca de la esquina, que pongamos las sillas y que en el frente de alguna casa se arme el teatro con previa venta de alguna plantita hecha con gajos robados de plantas grandes. La obra de teatro empezaba y todos, mate por medio, mirábamos entre sorprendidos y encantados como nuestros hijos cantaban y disfrazados se reían sin ningún tipo de temor. Una época donde los miedos eran cosas sólo de los primeros años de la infancia. Miedos que al crecer, simplemente se iban. Ahora en cambio, los miedos se enquistan en nosotros y se quedan a vivir para siempre, y lo que es peor se renuevan con cada ruido de moto o frenada rápida. Una pena, era un tiempo maravilloso. Sólo cambiaría el sistema carcelario, quisiera que sirva, que la gente verdaderamente se pudiera reinsertar en la sociedad. Quiero que nos devuelvan Nuestros Derechos Humanos.

Stella (LaLic) 

miércoles, 13 de abril de 2016

Hogar Dulce Hogar: situaciones de la vida cotidiana





Brunito: Má! cuando nos morimos, volvemos a ser seres humanos?
Yo: Mmm.. no sé...pero hay mucha gente que cree que si, que eso pasa..
B: Yo, si me transformo en persona de nuevo, quiero que vos vuelvas a ser mi mamá..
Yo: Ayyy..yo tambien! ( "muriendo" de amor!) Bueno..quién te dice, en otra vida ya fuimos madre/hijo y no nos acordamos no?
B: Puede ser.. En la próxima vos ponete Irene, así yo te reconozco..
Yo: Pero el nombre me lo eligieron los abuelos..
B: Bueno, yo les voy a avisar a ellos y vos entonces, poneme Bruno a mí. Así nos reconocemos y nos encontramos de nuevo dale?
Como amo a mi pequeño demonio!!!
‪#‎MadreEHijoParaTodaLaEternidad‬

Nota Psi: Cuando un niño juega con su imaginación, se siente todopoderoso, es el dueño de su mundo, lo crea a voluntad, inventa, transforma. Los primeros años de vida, prima en el niño lo que llamamos el pensamiento mágico. A medida que va creciendo y con la entrada en la escuela primaria, la fantasía va quedando atrás y se abre el camino hacia la investigación y con ella, también a la realidad. En esta nueva etapa, la pulsión se impone como el "deseo de saber" pero tomar lo nuevo no es tarea facil. Hacerlo, implicará asumir riesgos, y dependiendo de cada niño, tal vez sentir temores o inseguridades.  Será entonces, que la contención, la palabra a tiempo, el apoyo de la familia, harán que estas circunstancias esperables no devengan en traumáticas.  Lo que se adquiere y lo que debe abandonarse tendrá gran importancia, porque en ello se jugará lo que a posteriori será vivido como presencia-ausencia / ganancia-pérdida. Es decir, esto que el niño "fantasea" y luego "investiga" le irá allanando el camino, le irá enseñando, preparándolo de algún modo para las nuevas situaciones que en un futuro deberá atravesar. Como dije, la familia, con su intervención, a través de la calidez, del sostén, y la palabra, harán de estos momentos un proceso saludable.  (SMR)


domingo, 28 de febrero de 2016

Por qué escribe un psicoanalista?


Por qué escribe un psicoanalista?
En el libro Trauma y Repetición de Isidoro Gurman se plantea esta pregunta. Yo me permito tomar la frase del prólogo. Dice así:"Freud es un traumatismo"
Y como tal, para comprenderlo, volvemos una y otra vez sobre lo dicho, lo escrito, lo analizado, lo construído. No es casual que la gran mayoría de los psicoanalistas nos volquemos a la escritura. Surge como necesidad. Se transforma en deseo.
En mi caso particular, mi deseo me guía. La escritura me permite sublimar el dolor, ella es mi quita-penas, alivia mi alma y me gratifica enormemente. Así que aquí estoy, combinando el psicoanálisis con la literatura, uniendo dos pasiones que hacen de mi vida, un mundo donde me permito creer (como decía el maestro Pablo Picasso) que todo lo que puedo imaginar es real.
 
Stella Maris Riera

jueves, 25 de febrero de 2016

VIOLENCIA DE GENERO, otra vez…

Por favor, compartan esta información
tal vez haya alguien que esté pasando por una situación similar
leerlo podria hacerla reflexionar y cambiar el final de SU historia
Juntos Podemos - Gracias


Desgraciadamente esta vez "no es un cuento" sino la vida absolutamente real.
Mi solidaridad con la familia y mi absoluto repudio por este vil hombrecito (disculpen, pero no puedo llamarlo hombre)


La llamaron desesperados, contándole un hecho espantoso de esos hechos que creemos, sólo vamos a escuchar por la TV, porque claro, le ocurren a los otros. Alguien por el teléfono había dicho “ella está en coma” y María no se si preguntó mucho más, sólo supo que debía estar ahí. El tiempo apremiaba y Jujuy, ese día más que nunca, era un lugar demasiado lejos. Al llegar, la encontró internada, sedada, intentando recuperarse de la tremenda paliza que le había pegado su pareja (debería llamarlo así?!!!) La  encontré al poco tiempo que volvió, sola y decepcionada por no haber podido convencer a su hermana de abandonar a este hombre violento que hacía de esta joven, mamá de varios hijos, una mujer sometida y tristemente acostumbrada a los golpes de esta bestia. A pesar de la insistencia de su hermana su decisión fue  –que no puedo irme, que él es mi marido, el padre mis hijos, que mi lugar está acá- Y así fue que volvió a su vida de todos los días, a su rutina cotidiana, la de la cabeza gacha y el cuerpo lleno de moretones. Pasaron unos meses, no muchos y en la casa de María el teléfono volvió a sonar. Parece que su hermana finalmente se marchó. Otra mujer golpeada ha muerto.


Stella Maris Riera Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias

viernes, 8 de enero de 2016

Los Tres Reyes Magos

Hace mucho tiempo…   

Era de noche, ya todos dormían, me pregunté si no se daban cuenta que ésa no era una noche más;  yo estaba seguro de ello, pero apenas era un niño y, por entonces, los niños ni pensábamos en discutir... así que muy a mi pesar, apoyé la cabeza en la almohada, tomé las sábanas con mis manos y tapé por completo mi cara, cerré los ojos lo más fuerte que pude e intenté dormir. Pero, mi ansiedad pudo más que mi cansancio, y eso que había corrido en la plaza y andado en bicicleta, había jugado a la rayuela y pasado largo rato buscando hormigas negras y tréboles de cuatro hojas. Lo cierto es que a pesar de todo eso, detrás de mis párpados cerrados, mis ojos, seguían viendo. La incertidumbre era mi aliada y en mi mente se dibujaban, innumerables figuras, y por sobre todo, ellos: los reyes magos. Me habían contado que si ese año había sido un buen niño y dormía temprano, por la mañana encontraría mi regalo. -Y si no, carboncito-: no se cansaban de decir las señoras del barrio. Ya tenía todo preparado. así que nada podía fallar: al lado de mis zapatos coloqué pasto y agua fresca. Sólo restaba dormir. Traté y traté, juro que traté, pero el sueño no llegó; hasta que una luz hizo que abriera mis ojos (apenas, claro, nadie debía notarlo…) entonces, no resistí más, y en puntas de pié me acerqué hasta la puerta del cuarto, me asomé silencioso. Y los vi: en medio de la noche oscura, por sobre la medianera que separaba mi casa, del pasillo común, justo ahí, entre el titilar de las estrellas y el reflejo de la luna llena (mi corazón latió) iban en fila, con sus bolsas llenas y sus grandes camellos. Quise ser cuidadoso, pero el temor a ser descubierto me hizo correr nuevamente a mi cama, esta vez sin importarme el ruido que mis pasos hicieron sobre la madera vieja del piso; pegué un salto y me tapé.
Quisiera ser más preciso, pero, mis imágenes se ponen borrosas (pasaron tantos años…) 
Ya no podría asegurarlo, creo haber estado despierto, pero quién sabe, tal vez, estuve dormido... tal vez lo que viví fue real, o tal vez, simplemente lo soñé. De cualquier modo, al levantarme, al lado de mis zapatos, una caja enorme me esperaba. Y yo lo sabía: ellos, habían estado ahí.  

Stella Maris Riera – Argentina (1958) 
Psicoanalista - Oidora y Contadora de Historias 

jueves, 17 de diciembre de 2015

Desencuentros ...




Ay del desencuentro!
El, que clama para sí que ella no lo ama.
Ella, que solloza su nombre, que muere por amor.
Ay del desencuentro!
OSWALDO GUAYASAMIN on Pinterest | Ecuador, Baltimore and Fidel Castro


Stella Maris Riera - Argentina (1958)

viernes, 11 de diciembre de 2015

Ser con la Eternidad




Quiere elevarse. Quiere que su hijo venga rápido a su encuentro. Quiere que tome su mano y le señale el camino. Mas de un modo paradójico se aferra fuerte a los caños de su cama… ¡quiere quedarse? Finalmente deja que su aliento desvanezca, cierra sus ojos y duerme. Quiere que ya no la invadan, quiere descansar. Quiere dejar de sufrir. Quiere, de una vez y para siempre, sonreír, sentarse a su lado (seguro habrá alguna sillita de paja y alguien habrá puesto el agua para el mate). No soporta su ausencia. Quiere verlo. Quiere volver a festejar sus chistes. Quiere confiar y segura seguirlo donde él la lleve. Quiere encontrarse nuevamente con la risa franca de su hermana, con los brazos aún ardientes de su esposo,  con los siempre niños, sus nietos. Quiere elevarse y al hacerlo, ser ella misma la eternidad. 

Tristemente dedicado a mi viejita... 
Stella 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Vida Cotidiana "El Mundo Al Revés"



La última vez que anduve por Palermo llovía a cántaros, yo que detesto llevar paraguas (perdón por el vocabulario pero para estas cosas me gusta ser académica) me cagué mojando... eso si, a mi lado caminaba una señora muy elegante con su pequeño perrito cinco estrellas con piloto, gorrito y como si fuera poco, botitas de lluvia. 
Wuauuuuuuuuuuuuuu (dije yo, y no el perro) pero que chiccccccccccccc !!! 
Me parece a mí o el mundo se volvio loco???!!!




martes, 8 de diciembre de 2015

Me preguntaba si habrá sido un ángel...

La Tía Angelita
(el ángel de la guarda existe)



Por aquellos tiempos me preguntaba si era un ángel.
Era un ser luminoso, con forma de mujer, sus palabras eran dulces, su mirada, diáfana, su abrazo… su abrazo era indescriptible.
Parece que su trabajo en este mundo, y a mi lado, fue exitoso, porque terminó muy rápido.
Y como así son los ángeles, como vino, se fue.
Vaya a saber uno, a quién hoy cobija, qué oídos la escuchan, que ojos la ven…
Vaya a saber a quién mece, quién ríe con ella, a quién le canta.
Vaya a saber quién la está amando como yo lo hice, como yo la amo, y la amaré.

Por estos tiempos, dejé de preguntarme si habrá sido un ángel. 


Si me estás escuchando, por favor, volá a mi lado (hoy más que nunca, te estoy necesitando).



Stella Maris Riera Argentina (1958) Psicoanalista 
Oidora y Contadora de Historias 



jueves, 26 de noviembre de 2015

Entre enseres y supercherías



Alrededor de cien personas y yo, caminamos por Callao, apuradas. Indiferentes, tropezamos unas con otras, y sin más, seguimos. Entre tanto, un hombre pequeño, cargado de enseres y supercherías, intenta su venta. Enfrentados uno con el otro, por un instante, detenemos nuestro apuro. Nos miramos. En una frase lánguida e inentendible, me ofrece comprarle algo de todo aquello que su vida de ekeko hace que cargue, -es que soy paciente del Borda y...- Dejo de oírlo. Me pregunto: -por qué a mí? Si somos más de cien, por qué a mí? En un instante lo entiendo todo: soy la indicada. Yo lo se y él, en su locura, también lo sabe. Me entrega unos fósforos, y los tomo. Fue un pequeño gesto, nadie lo notó, sólo nosotros, pero con él, mi mañana gris se tiñó de colores, y el pequeño hombrecito realizó su sueño del día.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Oidora y Contadora de Historias

sábado, 10 de octubre de 2015

Cuestión de Decisiones

El Limonero
Decaído y triste, sin ánimo, ni inspiración, permanecía en un rincón, abandonado. Sentía que su entorno más querido lo ignoraba. Creyó que era su final. Incluso se preguntó si su sangre, aún, corría por sus venas. Pensó: para qué vivir, en este presente, olvidado.Y se entregó. Luego, las tardes se amarillearon de otoño. Las neblinas llenaron las calles de invierno. Las brisas se sonrojaron de primavera. El tiempo pasó. Fue entonces, que en su rincón, seducido por tanto color, desperezó su pena. Su verde se enardeció. Y trepado a sus azahares, con su intenso perfume, decidió su destino. Y vivió"


Stella Maris Riera, Argentina (1958) – Psicoanalista – Contadora de Historias


lunes, 7 de septiembre de 2015

Mi Duelo Anticipado

I- Te lloro
(Ay hermano mío, había olvidado cuánto te amo...)
Por eso te lloro. 
Te lloro porque aunque me acerque, ya no conseguiré acercarme, al menos no como lo hubiera deseado, porque dentro de mí, habita el dolor del desencuentro. Sin embargo, a pesar de esta ausencia tan presente, te amo. Te amo con el amor aquel, el de las vacaciones en la playa: nos reímos de todo, y los chicos corren y se sacuden la arena al grito de helado. Te lloro, y sé que aunque me acerque, ya no conseguiré acercarme; al menos no como lo hubiera querido, no como lo había soñado; pero te amo. 
Te amo con el amor de la niñez y tus pruebas de judo -“porque debo practicar”- y yo vuelo por el aire, y me quedo sin aliento, y me caigo y me levanto en un grito, mezcla de pánico y gozo, feliz y estrepitosa.Te lloro, porque aunque te amo y me acerque, jamás lo haré lo suficiente, al menos, no como lo había imaginado. Sin embargo te amo. Te amo con el amor de la adolescencia, tirados en la cama y el cine de los sábados, llena de indios y soldados nuestras tardes; reímos  como locos, cómplices y amigos, con esa amistad insensata y eterna que creen tener los hermanos; y la vieja grita, y todo se desordena, la vida se desordena y nos mareamos, mientras el tiempo pasa,  irracional y apasionado, sin lógica ni coherencia, se mezclan las viejas defensas heroicas con los anhelos desenfrenados, las pretensiones inhumanas con las muertes absurdas. Todo nos marea. Pero te amo y te lloro. Te lloro  por hoy, por ayer y por mañana; porque aunque me acerque, ya no conseguiré acercarme, al menos no como lo hubiera deseado. Te lloro, aunque te amo, porque dentro de mí, habita el dolor del desencuentro.
II- Escapar del cuerpo
Prisionero de la carne, exaltado, sus sentidos lo exploran. Esclavo del dolor, explota, está alerta. En una excitación profunda, mezcla de abstinencia y terror, se conmueve. Sufre. Creo que implora. Sus ojos verdes se hacen verdes lagos. Su sufrimiento es el mío. Un abrazo nos confunde y nos funde, como antes, como hace tanto no ocurría. Por unos instantes somos uno. Siento su temblor, advierto sus pensamientos, adivino sus miedos. Pretendo no ver esta realidad contundente, profundamente detestada, irreversible. Odio esta realidad (él y yo la odiamos). 
Y en este minuto, nuevamente juntos, ambos pretendemos lo imposible: escapar del cuerpo.

III- Soñar el Atlántico
Ahora descansa. Sumergido en la marea profunda navega su viaje. Un sueño anticipado lo envuelve. Se aleja (vaya a saber dónde). Veo su vientre llenarse con un aire que deseo imagine sea el del Atlántico; que vea la playa, con su arena ardiente y sus hijos riendo. Deseo sienta las olas mojando sus pies. Ahora descansa. Inhala y exhala. Yo lo hago con él, porque las pausas se alargan, y quiero creer que con mi esfuerzo alcanza para los dos. Inhalo y exhalo. Controlo su respiración que ahora, aunque nuestra, continúa anhelosa. Sus ojos están cerrados. Deseo que en su sueño se sumerja y que de una brazada, y otra, y otra más, y se aleje. Deseo que su ser abandone su carne. Deseo quesea libre y al fin poder decir: ahora descansa.

IV-  El tránsito final. La muerte anda rondando
Anda rondando. Desprejuiciada camina por el sólido edificio. Sube un piso, lo baja, se detiene: en el viejo sillón, se sienta, complacida; entre dolores y rezos, morbosa, se relame. Se mezcla con la cálida mañana. Nos miente y le creemos. Queremos fiarnos, tener fe, queremos aguardar hasta saber que se ha marchado. Sin embargo, no es así, yo la siento, sigue ahí. Licenciosa, juega entre los árboles. El jardín en un esfuerzo vano, trata de mostrar su actual inservible belleza. Anda rondando. Por momentos, complaciente, siembra semillas de esperanza, luego, su naturaleza la domina, se manifiesta en su ser, implacable, irreversible. La encerrona trágica, es su mejor amiga. La tragedia, su cordial compañera. La desolación, su pareja inseparable. Quisiera que se canse, que detenga su marcha, que se apiade. Quiero llorar de una vez y para siempre, darle fin a esta agonía, pero ella es incansable. Anda rondando.
V- Mis noches, campos minados.
Los días se hacen largos, las horas eternas. La noche se transforma en un campo minado. Pretendo no pensar y no paro de moverme. Mi compañero duerme el cansancio del día. Me acurruco como niña, me acerco. Mi cuerpo se moldea a la forma del suyo. Su calor me recuerda el calor de la vida: los días alegres, las cálidas mañanas. Por unos instantes, me calmo, me siento victoriosa, creo haber ganado esta batalla, y en el momento justo de plantar mi bandera, la idea, me sorprende por la espalda. Pretendo no pensar, pero perdí esta guerra: es que en el campo minado no paré de moverme. 

VI-Me niego a perderte
No quiero perderte, al menos no otra vez, tal vez por eso, no quiero recuperarte. Me prohíbo la ilusión, me prohíbo sentir tu cercanía.  Prefiero adormecerme, apartarme, creerme y creerte lejos, mentirme. Es que no puedo perderte, al menos, no otra vez.




VIII -Ella es su madre, y no quiere saber              
Ella no quiere saber, pero ya sabe.
Lejos de él, acongojada, también ella desfallece. Y pretende negarlo, pero por las dudas, 59 veces, 59 cuentas de rosario rezó. Y no quiere saber, pero ya sabe. Y se enoja. No hay ciencia que alcance, ni milagro, ni un resto de superstición, ni velas encendidas, ni dioses, ni chamanes. No alcanza, nada alcanza. Su amado hijo, yace, agonizante. Es lo mejor de su vida (dice) y se lo están quitando. Ella, no quiere saber. 


VIII- El hijo-padre
La cabeza inclinada hacia un lado, pesada, cae en una resignada siesta no deseada.  Estás rodeado de gente, y a la vez, profundamente solo, casi vencido, enfrentado a una lucha escarpada, tristemente despareja. (Y pensar que ganabas todas las batallas...). Tu hijo, hoy transformado en padre, te da su mano; la acarician tus dedos pálidos y temblorosos de padre-hijo. Él sostiene tu mirada suplicante, y vos mentís encontrar las respuestas perfectas, las que satisfacen tu súplica. Tu cuerpo convulso, implora letanía: hoy no querés la cresta de la ola, hoy mejor la meseta, el valle florido, el campo sereno. En este cuarto aséptico, impoluto, infructuosamente confortable, el amor, en su máxima expresión, flota en el aire, los cubre, los envuelve. Tu hijo-padre hace todo, te entrega todo, se entrega a sí mismo y más. Respira por vos, y caprichoso, ignora al destino. Es una pelea desigual pero él, vehemente, no decae, y tantas veces como puede, sacude tu corazón y en sus brazos, nuevamente te trae a la vida. 


IX- El nuevo cristo
La tarde esta gris, él, vencido. Remolinos de sábanas arrugadas, dibujan el sufrimiento que inunda el aire. Una fuerza, independiente y desconocida, pega el cuerpo a la cama. En mi loca imaginación, las formas se desvanecen, y en medio de tanto dolor, solo veo una cruz, y a su nuevo cristo.


X- En el cielo, la mesa larga ya fue puesta
Ay tía, te está llamando… Ay tía, por favor, vení a buscarlo.
Y como siempre lo hiciste, abrazalo con tu amor y liberalo. Llevalo a ese lugar que imagino placentero. Sonreíle (como siempre). No permitas que resista, que tu sonrisa (como siempre) lo seduzca. 
Ay tía, por favor, extendele tu mano. 
Sabés? Si cierro los ojos, ya los veo: mi viejo con el tío, discuten (como siempre), (como siempre) su hijo espera su llegada y el mío (como nunca) juega en algún rincón. Ay tía, sé que en el cielo, una fiesta muy grande se organiza. 
La mesa larga ya fue puesta. Sólo falta que escuches su llamado.  Ay tía, por favor, vení a buscarlo.


XI- La muerte, confundida.
Ellos se abrazan, se apretan fuerte, tanto, que veo un solo cuerpo. Lloran las mismas lágrimas. Laten en un solo corazón. Ella clama. Ellos, fundidos, la ignoran. Escondidos tras su profundo amor, la engañan. Ella se aleja y confundida, concede un día más.





XII- La tumba
Inmutable, permanece allí, paciente, en una callada espera. Espera su momento, ése, el mismo que no deseamos sea el nuestro: el del –por qué a mí- el del –hasta siempre- el del –nunca te olvidaré- La imagino gozosa, obediente a su hambruna, abriendo su boca, tragándonos. Ella no pide permiso (no es necesario) ella devora. Primero irá por el cuerpo, pero no le alcanzará e insatisfecha, también vendrá por nosotros, y se llevará ilusiones y esperanzas, paseos por la plaza, tardes de mate, mediodías de domingo y asado al sol. Un grito se ahogará en llanto: ella se deleitará con su música. Y cuando esté a punto de cerrar su boca, en un eructo gozoso, repulsivo, nos escupirá, y con él, nos expulsará. –Por un tiempo-, dirá –tan sólo por un tiempo-. Dadivosa, regalará un trozo más de vida. No tiene apuro, ella puede esperar, siempre espera. Puede darnos la chance de no morir con él, no esta vez, total… sabe que tarde o temprano volveremos. Ella, paciente, permanecerá allí (hasta el próximo encuentro) cuando en silencio, vuelva a abrir su boca, y obediente a su hambruna, esta vez, implacable, nos trague.


XIII- Al final, tal vez, la playa.
Y estoy segura que al final, él dejará de esperar y acudirá a su encuentro. Tal vez este final, sea sólo un principio, tal vez su eternidad sea un infinito y feliz momento acompañado. Si, estoy segura, su hijo acudirá a su encuentro, y quiero creer que tal vez no esté solo. Tal vez los ojitos grises de mi viejo los ilumine. Tal vez se transmuten y juntos sean ese azul-verde-mar que veré al día siguiente. Voy a sentarme en la arena. Voy a esperar que una ola gigante me atropelle. Voy a esperar que me hable. Voy a escuchar su latido, y cuando el agua yodada y burbujeante me toque la mejilla, voy a quedarme ahí, perdida en ese beso.


XIV- La Despedida
Sin rituales, sin responso, sin cajón donde aferrarme; sin besos en la frente, sin flores, sin abrazos, te lloré. Y en el minuto siguiente de tu muerte, en un grito solitario, ahogado y mudo, con dolor y con enojo, me quedé. Y entonces, como para verte, levanté mi mirada, y estoy casi segura, aunque nadie lo crea, te encontré.





Stella Maris Riera , Argentina (1958)