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miércoles, 13 de abril de 2016

Hogar Dulce Hogar: situaciones de la vida cotidiana





Brunito: Má! cuando nos morimos, volvemos a ser seres humanos?
Yo: Mmm.. no sé...pero hay mucha gente que cree que si, que eso pasa..
B: Yo, si me transformo en persona de nuevo, quiero que vos vuelvas a ser mi mamá..
Yo: Ayyy..yo tambien! ( "muriendo" de amor!) Bueno..quién te dice, en otra vida ya fuimos madre/hijo y no nos acordamos no?
B: Puede ser.. En la próxima vos ponete Irene, así yo te reconozco..
Yo: Pero el nombre me lo eligieron los abuelos..
B: Bueno, yo les voy a avisar a ellos y vos entonces, poneme Bruno a mí. Así nos reconocemos y nos encontramos de nuevo dale?
Como amo a mi pequeño demonio!!!
‪#‎MadreEHijoParaTodaLaEternidad‬

Nota Psi: Cuando un niño juega con su imaginación, se siente todopoderoso, es el dueño de su mundo, lo crea a voluntad, inventa, transforma. Los primeros años de vida, prima en el niño lo que llamamos el pensamiento mágico. A medida que va creciendo y con la entrada en la escuela primaria, la fantasía va quedando atrás y se abre el camino hacia la investigación y con ella, también a la realidad. En esta nueva etapa, la pulsión se impone como el "deseo de saber" pero tomar lo nuevo no es tarea facil. Hacerlo, implicará asumir riesgos, y dependiendo de cada niño, tal vez sentir temores o inseguridades.  Será entonces, que la contención, la palabra a tiempo, el apoyo de la familia, harán que estas circunstancias esperables no devengan en traumáticas.  Lo que se adquiere y lo que debe abandonarse tendrá gran importancia, porque en ello se jugará lo que a posteriori será vivido como presencia-ausencia / ganancia-pérdida. Es decir, esto que el niño "fantasea" y luego "investiga" le irá allanando el camino, le irá enseñando, preparándolo de algún modo para las nuevas situaciones que en un futuro deberá atravesar. Como dije, la familia, con su intervención, a través de la calidez, del sostén, y la palabra, harán de estos momentos un proceso saludable.  (SMR)


jueves, 28 de mayo de 2015

Los Niños, La Muerte, y El Pensamiento Mágico


-“Cuando mi abuelo se murió hizo fiuuuuuuuuuuuuu!!! y se fue al cielo, como Súperman”-. Esa fue la mejor explicación  que encontró la niña de tres años para responder la pregunta que minutos antes le formulara su primo de aproximadamente la misma edad. No hubo discusiones, pero sí recuerdo que otro niño que se encontraba con ellos preguntó -“y están todos juntos en una misma nube, o cada uno tiene la suya?”-
Este tipo de reflexiones y razonamientos, característico en los niños entre los tres y los seis años corresponde al período del desarrollo infantil, en el que predomina lo que conocemos como “pensamiento mágico”. Tiene una lógica propia y la misma es en función de lo que a los niños les interesa.
Son creativos e imaginativos: un simple trozo de madera puesto en sus manos, puede transformarse en un avión que levanta vuelo, y ellos mismos con una tela colgando sobre su espalda se convierten en el súper héroe preferido.
La fantasía se mezcla con la realidad: por eso tantas veces se enojan cuando pretenden volver a ver su serie favorita en la televisión y no aparece. Si quiere algo, ese algo debe aparecer y ya. Para ellos lo que desean es “simplemente posible”, no cabe duda de ello.
El niño en su juego recrea situaciones: a veces inventa, otras imita. Transforma su entorno y a la vez, se transforma a sí mismo. Y en ese movimiento, crece a la vez que madura.
Jugar con los hijos suele resultar encantador… por un rato viajar con ellos “hasta el infinito y más allá!!!” es una experiencia maravillosa para ellos y para el adulto mismo.
Sin embargo resulta prioritario, además, hacerse de un tiempo, por fuera del juego, donde con palabras y fundamentos que puedan comprender, acordes a su edad, explicarles que no todo es posible y que existe una diferencia entre fantasía y realidad. Acompañar el crecimiento de los niños, implica acompañar también su desarrollo y su maduración. Si ésto sucede, la función que como adultos responsables asumimos al ser padres, la habremos cumplido.
Stella Maris Riera - Psicoanalista - Universidad de Bs. As.
Atención del Niño y su Familia
Atención individual del Adolescente y del Adulto
Dirección de correo electrónico: lic.smriera@yahoo.com.ar




martes, 19 de mayo de 2015

Otro Tipo de Duelos - El paso por los Ciclos Vitales (4)


Infancia, pubertad, adolescencia, adultez, y vejez son los ciclos vitales que todo sujeto atraviesa a lo largo de su desarrollo. 

Crecer implica ir pasando por diferentes etapas y aunque sabemos que es natural, transitarlas y pasar de una a otra, conlleva un importante trabajo no sólo orgánico sino también psíquico.

Dejar de ser niño para ser adolescente, luego adulto, más tarde, si la salud nos acompaña viejos, hace poner en juego la subjetividad de cada persona en el medio de las grandes generalidades.  

Sólo a modo de ejemplo tomaré el paso a la adolescencia: en él, conductas, modos de expresión y estados de ánimo se alteran, el hacer y el decir se modifica, y la necesidad de crecer se profundiza en un intenso "a solas" (si lo sabrán los papás cierto?) Habrá cambios individuales que a la vez producirán cambios, también, e inevitablemente, en el entorno. Algunos serán producidos por el devenir natural, biológico y fisiológico del proceso de desarrollo (en él la voluntad del sujeto poco cuenta). Por supuesto también estarán los otros cambios, se trata de las propias elecciones, las decisiones de cada uno en particular, el cómo quiero ser, verme y que me vean, en qué lugar quiero estar, en cuál pretendo que me ubiquen. Surgirán preguntas, algunas de fácil respuesta, otras, casi dilemas eternos que darán lugar a largas horas de introspección y en el mejor de los casos de charlas compartidas con padres y amigos. 

Es decir, los ciclos vitales implican nuevas adquisiciones, pero también, pérdidas, con lo cual, indefectiblemente, el sujeto tendrá que atravesar duelos,  sólo que estos duelos son saludables y esperables...  en la medida que advenga una nueva imagen, diferentes propósitos, otros intereses, proyectos y sueños, los antiguos quedarán atrás, perderán su lugar de privilegio. Algunos serán abandonados, otros tal vez sean incorporados ocupando otros lugares en relación a lo nuevo y pasen a formar parte, ahora agiornados, un nuevo presente con este enfoque diferente que le dará la maduración. 

Se tratará entonces de afrontar el duelo de aquello que se deja atrás, a beneficio de seguir avanzando. 

El modo como se hayan atravesado estas instancias de ganancia y pérdida será de suma importancia. El par “presencia-ausencia” se jugará en estas instancias y el modo como se lo procese es el que dejará huella a lo largo de toda nuestra vida. 

De esta forma, me gusta pensar que el desarrollo sería algo así como la preparación para otros momentos, donde nuevamente se presenten circunstancias de pérdidas (ahora ya me refiero a la muerte de un ser querido, la pérdida de un ideal, etc). 

En síntesis: la cuestión es que si hemos vivido con naturalidad estos procesos, si hemos comprendido la importancia de soltar para dejar espacio a lo nuevo, probablemente, cuando nos encontremos con este otro tipo de pérdidas lo recordemos, (seguramente nuestro inconsciente lo recuerde...) y los duelos a los que tengamos que enfrentarnos puedan ser, al menos, saludables. 



Stella Maris Riera - Psicoanalista - Universidad de Bs. As.
Atención del Niño y su Familia
Atención individual del Adolescente y del Adulto
Dirección de correo electrónico: lic.smriera@yahoo.com.ar