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domingo, 8 de mayo de 2016

Hablame que tengo Miedo!!!

Fobias


Extracto del Cap. El Sentimiento de Soledad del libro La Construcción del Sujeto Ético de Silvia Bleichmar"

(...) Freud trae asociadas las primeras fobias a LA OSCURIDAD y a LA SOLEDAD. 
(...) Marca muy bien lo siguiente: 

La fobia a la oscuridad puede persistir durante toda la vida y tiene en común con la fobia a la soledad, la nostalgia por la persona amada, que cuida al niño, vale decir, por la madre (...) 

Y nos ilustra con el siguiente ejemplo
Dice así: -Una vez oí desde la habitación vecina, exclamar a un niño, que se angustiaba en la oscuridad: 

"Tía, háblame, tengo miedo. A lo que ésta respondió: "Pero ¿de qué sirve que hable si no puedes verme?"; y respondió el niño: "Hay más luz cuando alguien habla" 

Es Silvia Bleichman quien explica:
Este ejemplo (...) da cuenta de cómo es la voz lo que genera luz, cómo es la voz lo que produce la sensación de acompañamiento. 

En palabras de S. Freud:

 "la añoranza en la oscuridad se transforma en angustia" 

Él parte de la hipótesis de que esta angustia proviene de la libido no aplicada (...) 
En realidad, es libido que se encuentra desligada del objeto con el cual ligarse y resolverse. (*)
La libido aparece entonces como atacante interno (...) no logra la resolución y ataca al sujeto desde el interior". 


(*) Si este tema te interesa poder seguir los sig enlaces  

http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2015/05/las-perdidas-y-sus-duelos-1.html

lunes, 18 de abril de 2016

Hola Soy Natalia - Testimonio de Vida

Testimonio de Vida



-Este testimonio va sólo con nombre por expreso pedido de quien me lo envía (*)


Hola soy Natalia. A los 25 años tuve una hija con un malformación cardíaca, vivió 45 días y falleció porque ni la clínica, ni la obra social, le dieron prioridad a la operación. Inicie juicio, nunca supe por qué ni a qué hora murió mi hija.
.
El vacío que quedó me hace sentir culpable quería morir por no poder defenderla. (1)
Empecé a tener mucho miedo a la muerte
No a la mía sino a la de mis seres queridos Pasaba días reflexionando en qué me había equivocado, me echaba la culpa. Después de muchos años de rezarle a la Virgen, le  pedí por favor que me ayude a perdonarme, por no poder defender a mi hija, yo sabia que no había hecho nada malo, pero mi deber era cuidarla y protegerla, me comía la culpa de su muerte , aunque sabia que los médicos me mintieron que iba estar todo bien, yo soy mi mayor verdugo.
No lo superé. Aprendí a convivir con el dolor, es como una mochila con piedras. A veces pesa más, otras no tanto. Para entonces también mi hermana había muerto por mala praxis y mi padrino.
Pasaron años... tuve otro bebe, No lo quería querer por miedo a perderlo, porque cuando murió mi hija dije: -qué hago con todo este amor que tenia para ella?-  Fue difícil.

Unos años mas tarde, florezco, pude perdonarme,  darme cuenta que no pude hacer nada porque no sabia, no porque no quería. Pero la relación ante la perdida no quedó del todo bien.
................................................................................

Me entero que tiene otra pareja (2)
Se quería separar, yo no sabia como darle de comer a mis hijos, ya que trabajaba pero no me alcanzaba y el iba y venía. Se iba quince días,  volvía llorando, y después lo mismo. 
Empezaron a molestar mis hijos, que son también de él, pero yo me apropio para defenderlos. 
Me trata mal y los trata mal. Su pareja lo llamaba a cada rato, me entero que cuando yo iba a trabajar él se quedaba con ella y su hija.
Después de esa situación pretendí defender lo indefendible: un matrimonio que no existía.
Él no quería perder nada, es más, quería dos familias. 
Me empezó a decir que yo era parte de su pasado, se iba… cuando no tenia plata se quedaba. 
Me enfrenté por teléfono con su amante; él se ofendió. Me dijo: -por tu culpa no me va hablar más- y se enojó. No salía de casa para decir que no estaba con nadie, como un nene caprichoso, todo le molestaba, y decía: -ves? hago lo que querés- hasta que lo echaba.

Mi cerebro empezó a hacer innumerables cuentas para ver como podía sobrevivir sola (me era imposible). Intenté irme una vez y amenazó con un arma con suicidarse.

Lo que detonó en mí  fue un miedo terrible (3) 
No conocía a esa persona que estaba frente mío. Yo le tengo terror a las armas.
Iba desmejorando, mi cabeza no paraba de pensar , mi familia muy preocupada, mi papá angustiado.

Vuelvo a la casa de mis padres . Ellos decían vas a salir adelante,  pero yo no escuchaba. Sentía que tenia que volver al lugar donde viví  (otra vez la culpa) Me decía –algo hice malo-  Solo quería buscar una solución a lo que estaba roto. El me decía que se iba a matar y que iba a ser mi culpa, lo que me generaba miedo. No quedé bien parada con la muerte: cuando murió mi hija con 9 meses de embarazo, verla, tocarla, ¿para qué me la dieron si me la iban a sacar?

Volví al lugar donde fue mi casa (2). Siguieron los llamados, las salidas, los malos tratos. Entonces le pido por favor a mi hermana que me saque de ahí (no podía dormir pensando pavadas. Estuve una semana sin dormir y con temblores) 

Un día se enojó no se por qué empezó a gritarle a los chicos, a golpear con el puño la puerta. 
Me vino un dolor de cabeza y me sonó en la cabeza un tic como si se rompiera una cuerda de guitarra. Palpitaciones, no podía dormir, sudaba, no concebía el sueño y deambulaba de noche. Era miedo al miedo mismo. A lo incierto. (3)

Hago denuncias (ni pelota) Voy a la comisaría de la mujer. Me sacan cagando , por no estar apuñalada, no contemplan la violencia psicológica. -Si se quiere matar que se mate…-  Yo no estaba bien, ver con un arma al padre de tus hijos…  No sabia con quien conviví 14 años. No me atendieron, me echaron, estaba desorientada (3) Para mí eso era una película, eso que les pasa a los otros, como cuando murió mi hija.

Le pedí a mi hermana que me viniera a buscar porque yo ya no tenia ganas de vivir.  (3)
No podía ocuparme de los chicos. Me llevó a mi casa con mis papas y me escapé un día con mis hijos.
Me llamaba con que volviera que se iba a matar. No se,  pero me aterraba la palabra muerte.

Y volví. (2) Con el vivían los malos tratos, levanté mis cosas y mis hijos y me estaba yendo tomó un montón de pastillas. Decía que si me iba se mataba, abrazaba a mis hijos y les pedía que no lo dejen. Tuve que decirles que me estaba enfermando. Me fui. Me amenazaba. Pero otra vez volví. (2)

Era como el Síndrome de Estocolmo. (5) Sabia que no iba, pero me ganaba el miedo
Y porque el maltrato empieza con la degradación psicológica de la persona yo me sentía un sorete y los demás que decían que cuide mi matrimonio que eso es normal (4)  (Se ve que lo normal no es lo mío).

Mi familia me quería ayudar pero no había lugar en el mundo en el que quisiera estar.
Volví, me recibió, pero puso condiciones; me dijo que no hable más con mi hermana ni con mi familia.
Mi papa llorando me dijo: -si volvés va a hacer con vos lo q quiera y no te voy a poder ayudar -.

Yo fumaba dos paquetes de cigarrillos, no comía, baje 10 kilos. Me agarró anorexia nerviosa y ataques de pánico: “Me faltaba el aire y necesitaba que me abracen, me sentía morir”. (3)
Cuando llegue a la casa  me empezó a hostigar. Decía que se equivocó que lo perdone. Sentía una sensación de vacío; le dije: lo que yo busco ya no está-  El murió en vida. Veía su cara y me acordaba cuanto nos quisimos alguna vez. Pero lo escuchaba hablar y era otra persona
Murió y no me di cuenta y fue muy doloroso ver a alguien vivo pero que ya no es la persona que conociste. Un muerto vivo. Me costó dejar mi casa y mis cosas, pero él no se iba a ir. Agarré a mis hijos y volví llorando a casa. 
............................................................................

Los ataques de pánico se hicieron parte de mi vida: a veces me late todo el pecho
Suelo hacer una tragedia de algo. Tengo a flor de piel los sentimientos, me duele no poder darle lo que quiero a mis hijos, a veces tengo ganas de terminar de sufrir. Soy incapaz de lastimar a alguien, pero siento que me pesa vivir.

Voy a la psicóloga y al psiquiatra.
Estoy medicada. No le puedo decir a casi nadie que estoy enferma, que la tristeza me invade el cuerpo, que falleció, mi  papá y es otra persona que amo, y que no voy a ver mas. Todos los días lucho por mis hijos. Engordé, tomo mis pastillas, aunque me gustaría no depender de ellas, pero fui a pedir ayuda, por mis hijos  (fui a un hospital publico que se especializa en problemas psiquiátricos).

Es feo estar enfermo del alma o la cabeza. Mucha gente me ayudó y me ayuda, otras, no entienden lo que es tener expuesto que te duela que te arda que palpite.

Esto es vivir el día a día, tratar de no angustiarte, pedir ayuda para que sepas que no estás loco, que hay más gente con este trastorno, y que sólo no podés.

Buscá un doctor que te ayude...
Después de la muerte de mi hija no creo en los doctores, creo en las personas busca una persona que sea psicóloga con la que te sientas bien…  vas a ver que de a poco vas a estar mejor.

Esto no se cura, se trat@.

Lo que lamento es no poder regalarle una sonrisa a mis hijos (no me sale)

Besos doc  espero que le sirva.


Notas
(*)  Ella lo dijo así: por favor mi nombre si, no mi apellido, tengo dos hijos de 18 y 11. Yo tengo 39)
(1) La muerte y las situaciones de pérdidas
(2) La relación de pareja: la infidelidad, el maltrato, el hostigamiento, las amenazas, las sensaciones de culpa, y el eterno retorno de lo igual. 
(3) Los Síntomas
(4) La rígida auto-crítica, la propia denigración, la autoestima degradada. La mirada del otro, el deber ser, la importancia del juicio externo.
(5) Se llama así a la "identificación con el agresor". 

Naty gracias por tu valentía por contarnos tu historia, por tomarte tiempo para hacerlo y por haber abierto tu corazón a todos nosotros. Tu historia podría ser abordada desde tantos lugares que no me atrevo a encasillarla en un solo tema, por eso me tomé el atrevimiento de poner algunas notas a pié de página a modo de aclaración para quienes leen. De nuevo muchísimas gracias. 


Si querés contarnos tu historia escribime a lic.smriera@yahoo.com.ar 
Seguramente del otro lado habrá alguien esperando escuchar tus palabras. Gracias. 
Lic. Stella Maris Riera





miércoles, 11 de noviembre de 2015

Desde que te marchaste

"llorando"
Juan Carlos Boveri
pintor latinoamericano



Desde que te marchaste
El amor que te tengo anda como loco.

Busca tu abrazo en mi espacio vacío
Busca tu aroma, busca tu mirada.
El amor que te tengo, deambula, solitario.
Busca tu palabra, busca tu silencio.
Se apoya en los seres que pasan a mi lado.
Al amor que te tengo, ya nada lo complace
Y al decaer no busca. Decide detenerse.
Aferrado de mí, se friega entre mis párpados
Vencido, se hace lágrima. Me hace sentir sereno.
Me persuade y le creo. Respiro mi congoja.
Mas resiste, retorna, desde que te marchaste…

El amor que te tengo, en mi espacio vacío
Deambula solitario porque anda como loco.

(Con mucho dolor, dedicado a mi hija, quien por estos días llora su enorme pena)
Stella Maris Riera. Argentina (1958) Psicoanalista - Contadora de Historias 




lunes, 9 de noviembre de 2015

La muerte, incansable

Nicoletta Tomas Caravia
www.pinterest.com


Y al final volvió. Al principio merodeó irónica. Como es su costumbre, disimuló su presencia. Se escondió en las ilusiones, en las risas compartidas. Se ocultó entre las charlas de mate y hasta te permitió planear tu futuro. Y nadie la vio, o tal vez, no quisieron verla. La ignoraron. Durante un tiempo fueron felices; y se los permitió. Pero ella, inexorable, permaneció allí. Camaleónica se pegó a las paredes, fue sábana sudada, paño tibio en la frente, fue morfina, y hasta se confundió con algún rayo de sol. Y envuelta en papel de regalo, cuando menos lo esperaban, pegó su zarpazo y te llevó.

(Tristemente dedicado).

Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias 


jueves, 28 de mayo de 2015

Los Niños, La Muerte, y El Pensamiento Mágico


-“Cuando mi abuelo se murió hizo fiuuuuuuuuuuuuu!!! y se fue al cielo, como Súperman”-. Esa fue la mejor explicación  que encontró la niña de tres años para responder la pregunta que minutos antes le formulara su primo de aproximadamente la misma edad. No hubo discusiones, pero sí recuerdo que otro niño que se encontraba con ellos preguntó -“y están todos juntos en una misma nube, o cada uno tiene la suya?”-
Este tipo de reflexiones y razonamientos, característico en los niños entre los tres y los seis años corresponde al período del desarrollo infantil, en el que predomina lo que conocemos como “pensamiento mágico”. Tiene una lógica propia y la misma es en función de lo que a los niños les interesa.
Son creativos e imaginativos: un simple trozo de madera puesto en sus manos, puede transformarse en un avión que levanta vuelo, y ellos mismos con una tela colgando sobre su espalda se convierten en el súper héroe preferido.
La fantasía se mezcla con la realidad: por eso tantas veces se enojan cuando pretenden volver a ver su serie favorita en la televisión y no aparece. Si quiere algo, ese algo debe aparecer y ya. Para ellos lo que desean es “simplemente posible”, no cabe duda de ello.
El niño en su juego recrea situaciones: a veces inventa, otras imita. Transforma su entorno y a la vez, se transforma a sí mismo. Y en ese movimiento, crece a la vez que madura.
Jugar con los hijos suele resultar encantador… por un rato viajar con ellos “hasta el infinito y más allá!!!” es una experiencia maravillosa para ellos y para el adulto mismo.
Sin embargo resulta prioritario, además, hacerse de un tiempo, por fuera del juego, donde con palabras y fundamentos que puedan comprender, acordes a su edad, explicarles que no todo es posible y que existe una diferencia entre fantasía y realidad. Acompañar el crecimiento de los niños, implica acompañar también su desarrollo y su maduración. Si ésto sucede, la función que como adultos responsables asumimos al ser padres, la habremos cumplido.
Stella Maris Riera - Psicoanalista - Universidad de Bs. As.
Atención del Niño y su Familia
Atención individual del Adolescente y del Adulto
Dirección de correo electrónico: lic.smriera@yahoo.com.ar




martes, 19 de mayo de 2015

Otro Tipo de Duelos - El paso por los Ciclos Vitales (4)


Infancia, pubertad, adolescencia, adultez, y vejez son los ciclos vitales que todo sujeto atraviesa a lo largo de su desarrollo. 

Crecer implica ir pasando por diferentes etapas y aunque sabemos que es natural, transitarlas y pasar de una a otra, conlleva un importante trabajo no sólo orgánico sino también psíquico.

Dejar de ser niño para ser adolescente, luego adulto, más tarde, si la salud nos acompaña viejos, hace poner en juego la subjetividad de cada persona en el medio de las grandes generalidades.  

Sólo a modo de ejemplo tomaré el paso a la adolescencia: en él, conductas, modos de expresión y estados de ánimo se alteran, el hacer y el decir se modifica, y la necesidad de crecer se profundiza en un intenso "a solas" (si lo sabrán los papás cierto?) Habrá cambios individuales que a la vez producirán cambios, también, e inevitablemente, en el entorno. Algunos serán producidos por el devenir natural, biológico y fisiológico del proceso de desarrollo (en él la voluntad del sujeto poco cuenta). Por supuesto también estarán los otros cambios, se trata de las propias elecciones, las decisiones de cada uno en particular, el cómo quiero ser, verme y que me vean, en qué lugar quiero estar, en cuál pretendo que me ubiquen. Surgirán preguntas, algunas de fácil respuesta, otras, casi dilemas eternos que darán lugar a largas horas de introspección y en el mejor de los casos de charlas compartidas con padres y amigos. 

Es decir, los ciclos vitales implican nuevas adquisiciones, pero también, pérdidas, con lo cual, indefectiblemente, el sujeto tendrá que atravesar duelos,  sólo que estos duelos son saludables y esperables...  en la medida que advenga una nueva imagen, diferentes propósitos, otros intereses, proyectos y sueños, los antiguos quedarán atrás, perderán su lugar de privilegio. Algunos serán abandonados, otros tal vez sean incorporados ocupando otros lugares en relación a lo nuevo y pasen a formar parte, ahora agiornados, un nuevo presente con este enfoque diferente que le dará la maduración. 

Se tratará entonces de afrontar el duelo de aquello que se deja atrás, a beneficio de seguir avanzando. 

El modo como se hayan atravesado estas instancias de ganancia y pérdida será de suma importancia. El par “presencia-ausencia” se jugará en estas instancias y el modo como se lo procese es el que dejará huella a lo largo de toda nuestra vida. 

De esta forma, me gusta pensar que el desarrollo sería algo así como la preparación para otros momentos, donde nuevamente se presenten circunstancias de pérdidas (ahora ya me refiero a la muerte de un ser querido, la pérdida de un ideal, etc). 

En síntesis: la cuestión es que si hemos vivido con naturalidad estos procesos, si hemos comprendido la importancia de soltar para dejar espacio a lo nuevo, probablemente, cuando nos encontremos con este otro tipo de pérdidas lo recordemos, (seguramente nuestro inconsciente lo recuerde...) y los duelos a los que tengamos que enfrentarnos puedan ser, al menos, saludables. 



Stella Maris Riera - Psicoanalista - Universidad de Bs. As.
Atención del Niño y su Familia
Atención individual del Adolescente y del Adulto
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LA MUERTE, LOS NIÑOS, Y SU FORMA DE DUELO. (5)




Muchas veces he escuchado en mi consultorio a algún adulto consultando sobre cómo hablar de la muerte con los niños. Si se debe decir o no la verdad, cómo decirla, y si conviene que asistan o no al funeral de la persona ausente.

La verdad es que no existen recetas universales, tampoco mágicas, no hay una mejor que otra, una que alivie mejor el dolor o que dé mayor tranquilidad o de una manera mas efectiva. Lo cierto es que la respuesta será encontrada en el grupo familiar teniendo en cuenta la singularidad del niño, y las creencias de la propia familia.

Sin embargo existen generalidades que por supuesto con algunas variantes podrán ser aplicables a la mayoría de los casos como por ejemplo, la duración del duelo en el niño. Éste va a variar y va a depender mucho del apoyo que reciba. Así como también el modo en que el niño haya aprendido a resolver los cambios que se le fueron presentando a lo largo de su vida; o simplemente al tener que hacer una elección donde de algún modo para ganar algo debió abandonar alguna otra cosa.

Resolver el duelo en los niños (al igual que en los adultos) es muy importante.

Con respecto a si el niño debe o no asistir al funeral, como decía, no existen reglas universales. Especialmente porque todo dependerá de la singularidad de cada niño y de sus expectativas. De todos modos no olvidemos que los rituales forman una parte importante en este proceso, porque de alguna forma ayudan a la elaboración y al trabajo de duelo.

Desde mi punto de vista considero apropiado que el niño asista a la ceremonia siempre y cuando él así lo desee. No nos olvidemos que evadir la verdad aumenta la fantasía y puede adquirir proporciones gigantescas o con un tinte terrorífico, especialmente en los niños. 

El trabajo de duelo en los niños es similar al de los adultos, sobre todo cuando el niño entiende de qué se trata la muerte, y con ello, su irreversibilidad. En relación a este punto cada familia sabrá cual es la explicación mas apropiada para dar y teniendo en cuenta sus creencias determinará cómo y cuánto desea decir.

Al igual que en las personas mayores el trabajo de duelo en los niños irá pasando por diferentes instancias.

La primera es de shock, de protesta, de llanto. Es una etapa de negación. El niño llora y no acepta que la persona que ha muerto no va a regresar. Esto es así aun cuando el niño sepa de la irreversibilidad de la muerte.
La segunda es en la que se comienza a sentir la desesperanza, comprende que la persona fallecida no va a volver por lo que habrá que ser en este momento muy contenedor con el niño, y permitir que se exprese, cada vez que él lo considere necesario. Tengamos en cuenta que el que no hable no va a aliviar su dolor por el contrario sólo poder expresarse irá permitiéndole desinvestir de afecto ese objeto de amor, ahora perdido.
La tercera instancia, de aceptación, el niño empieza a tomar distancia, a soltar el lazo y comience a interesarse por los otros que lo rodean. 

A la hora de responder las preguntas de un niño, tengamos en cuenta que la verdad siempre es menos dolorosa que la mentira, y además, mucho más eficaz. 

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DUELO PATOLÓGICO (3)



Acaecida una pérdida, el tiempo es la primer característica a considerar para pensar un duelo como normal o patológico. Tomamos como tiempo relativamente aceptable un año y medio o dos aproximadamente. En relación a ésto entonces podemos considerarlo patológico cuando se dan las siguientes manifestaciones:

Retraso en el comienzo del período de duelo o que el mismo sea, extremadamente duradero (dos años o más). También se considera no esperable la ausencia del mismo, o la aparición de ideas suicidas o la identificación con la persona ausente.

Las pérdidas repentinas debidas a accidentes, o situaciones de catástrofe pueden provocar que los duelos devengan en no saludables. El estado de sorpresa, hace que el sujeto no disponga del tiempo necesario para "hacerse a la idea" de la pérdida que va a tener que atravesar.

La forma en que cada uno vaya atravesando los duelos tendrá que ver fundamentalmente con su propia historia.
Todos a lo largo de la vida vamos abandonando posiciones para asumir otras nuevas. Así pasa cuando pasamos de la infancia a la adolescencia, de la adolescencia a la adultez, etc. Aunque estas son crisis evolutivas normales el modo en que las vayamos resignando marcarán nuestro modo de reacción ante las situaciones de abandono o pérdida.

Aunque las situaciones sean nuevas y la vida constantemente esté sorprendiéndonos, nuestros modos de reacción y vínculo se repetirán una y otra vez a modo de patrones.

Podemos corrernos, podemos modificarlos. Y aunque con un camino largo, el resultado será una vida mejor. 

La diferencia entre la salud y la enfermedad está en nuestras manos.

Sólo tenemos que tomar la decisión y trabajar de forma incesante, sin prisa pero sin pausa, para poder sostenerla.

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El duelo y sus tiempos. (2)

"Duelo Interno"


Los duelos en sí mismos comprenden un proceso, por tal razón, también comprenden diferentes tiempos.

A modo ilustrativo podemos diferenciarlos del siguiente modo
Un primer tiempo que se corresponde con un momento de shock. Tiempo en que se produce el suceso traumático en el se pierde el objeto de amor, entendiéndose por objeto aquello a donde va dirigida nuestra libido, aquello que hemos investido con una carga de afecto, ya sea que se trate de una persona, un ideal o algo mas abstracto aun.
Un segundo tiempo que se da cuando se produce la introversión de la libido. Momento de recogimiento, introspección, tristeza. Se trata de intentar elaborar la pérdida. Pero puede pasar que la tristeza se transforme en sufrimiento, con lo cual el trabajo de duelo se hará  más largo y más difícil de llevar a cabo.
Un tercer tiempo en el que la libido deviene libre, entonces puede dirigirse hacia otros objetos.

¿Qué pasó con el objeto perdido? ¿Ya no se recuerda?

De ningún modo. No se trata de olvidar, pero por decirlo de una manera sencilla, irá doliendo cada vez un poco menos, y cuando menos lo imaginemos lo habremos dejado ir.


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LAS PÉRDIDAS Y SUS DUELOS (1)

"Duelo Interno"
Nayeli Georgina - Artista Mexicana
Nayeli Georgina Morán Alvarado


Duelo: en alemán “Trauer” define tanto al afecto penoso, como a su manifestación exterior.
Muchas veces suele confundirse el estado anímico del duelo con los estados a los que Sigmund Freud llamó “melancólicos” y a los que él mismo se esforzó particularmente en diferenciar. 
Algunas aclaraciones ayudarán a no confundir el duelo con lo que Freud denominó melancolía.
Básicamente existen dos razones que los diferencian a saber:
1- el duelo no es un estado, sino un proceso: se sabe que en tiempo y forma la tristeza se irá superando, que no se debe suspender, ni impedir el proceso de duelo, sino por el contrario, cooperar para que sea transitado  
2- el duelo no es patológico: (al menos no debería serlo) el duelo llamado "normal" es un momento saludable y esperable luego de una pérdida.
Sin embargo, ambos comparten algunas características:
1- pérdida del interés por el mundo exterior; 
2- disminución o pérdida de la capacidad de amar; 
3- disminución o inhibición de la producción personal; 
4- autorreproches 
5- expectativa de castigo. 
Es importante destacar que es tan perturbador inhibir el  duelo, transitarlo de forma tardía, así como también extender su proceso más allá del tiempo considerado habitual. Será en estos casos que sí se recomienda consultar con un profesional.
Hay algo sencillo que puede resultar de ayuda a la hora de decidir (o no) hacer dicha consulta y es lo siguiente: una cosa es estar triste,  y otra muy distinta es sufrir.
Por eso, como tantas veces el diccionario viene a socorrernos:
Se define TRISTEZA al sentimiento de dolor anímico, producido por un suceso desfavorable, que suele manifestarse con un estado de ánimo pesimista, y la insatisfacción y la tendencia al llanto. 
En cuanto el SUFRIMIENTO es la sensación motivada por cualquier condición, que someta al sistema nervioso al desgaste. El sufrimiento puede ocurrir tanto por causas físicas como emocionales (psicológicas). Existen cuatro causas de sufrimiento: temor, frustración, sometimiento, y falta de producción (poder hacer).
Por qué es tan difícil dejar de sufrir?
Simplemente porque en el sufrimiento hay lo que en psicoanálisis se denomina “goce”. Es este mismo goce que existe en el síntoma y que hace que la persona quede estancada en ese estado, que sí es patológico.
En síntesisFrente a una pérdida (sea de un ser querido, un ideal, un proyecto en el cual se haya puesto una gran carga de afecto) lo “normal”, esperable, saludable, es que la persona esté triste. Ante esta situación sólo hace falta contención, apoyo, y sobre todo, tiempo. Si este tiempo se hace muy prolongado (más de un año al menos) o si el duelo no se hace lugar (es decir, si el sujeto se siente como si nada hubiera ocurrido) entonces la consulta psicológica se hace imprescindible. 

Stella Maris Riera - Psicoanalista - Universidad de Bs. As.
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