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martes, 27 de septiembre de 2016

Clínica con Niños - Un acto de creatividad





Cuando se trabaja con niños, el tratamiento, en líneas generales, es largo. Por ese motivo el profesional deberá poner en juego su imaginación (no sólo la teoría) para evitar el tedio y lograr el estímulo, la motivación.

Es por ello, que en estos casos, la frase "el análisis es un acto de creatividad y construcción conjunta" cobra más importancia que nunca.

En este caso. el niño al que atiendo, y que llega por desatención, descontrol de impulsos y falta de concentración, tiene una pasión: le encantan las piedras.
Hace ya dos años que trabajamos juntos, y hemos pasado por test, charlas, juegos, etc...

Hace unos días que el viene viendo "mi hobby": frascos, porta velas, mosaicos de pared, todo realizado con venecitas o azulejos, que yo, "distraídamente" deje apoyados a un costado de mi escritorio. Y después de unas semanas, la magia ocurrió.
Mi pacientito, se tentó. Entonces le propuse trabajar juntos. Usamos piedras y otros elementos.
Le expliqué "cómo usar las herramientas (léase recursos) cuáles y para qué"
Tuvo que aprender "cómo hacer los cortes y donde" también "como pegarlos" y lo más importante "esperar". Porque claro, no puede terminarse en un solo intento. Casi casi como la vida misma cierto?
Así que este niño, hoy realizó, con esto, que para él fue un juego, un aprendizaje, y mucho más que eso, un enorme trabajo psíquico: debió medir, pegar y sostener, y además no apurarse sino por el contrario hacerlo lenta y suavemente, y volver a comenzar, cada vez que por la fluidez del pegamento alguna piedrita se caía. Y saben qué? No se frustró, tampoco se enojó. Al contrario, volvió a intentar una vez y otra, y cuando su hora terminó, se fue contento, con la alegría de haber comenzado un proyecto, que sabe, va a terminar, y no como yo o cualquier otro le indique, sino como a él le guste, porque es su proyecto y es libre de crearlo a su forma. Cada elemento elegido es su decisión.
Cuántas cosas en un solo hecho:
Soñar qué hacer, elegir colores y cortes, controlar movimientos (sin medicación) y soportar lo que sabe,serán tres días de espera.

Una sesión diferente, con entusiasmo y risas.

El se fue feliz. Yo me quedé con la alegría del trabajo bien realizado.


Stella Maris Riera - Clínica del Niño y su Familia 





viernes, 9 de septiembre de 2016

No Me Maltrates





Sabías que la violencia ejercida en la familia afecta al niño no sólo en su salud física, sino también en su salud mental?

Sabías que violencia no es solo la que el niño recibe directamente sobre él, sino además la que él (de manera pasiva) está obligado a presenciar? Lease discusiones, peleas entre los padres de la que él participa sin querer hacerlo, sin poder hacer nada, ni cambiar nada*

Sabías que un niño con el que se comunican con un vocabulario soez, con gritos o golpes, presentan (y está científicamente comprobado) futuras conductas que no son las esperables? : falta de concentración, irritabilidad, hiperactividad o su contrapartida la inhibición. Sabías que además se verá afectado en su autostima, su seguridad y confianza? **

*Sólo a modo informativo enumero a continuación diferentes formas de maltrato
1- Maltrato físico
2- Maltrato emocional o psicológico (formas como la hostigación, la denigración, y la negligencia)
3- Maltrato ejercido sobre un tercero en presencia del niño lo que lo convierte en testigo pasivo de la misma
4- Abuso sexual (en todas sus variantes)

* A modo de ejemplo voy a mencionarte algunas de las conductas que suelen aparecer en el niño víctima de maltrato:
1- ausencia de juego por inhibición (miedos que lo paralizan)
2- juegos con contenidos violentos (que pueden poner en riesgo a sus pares o a él mismo, que realizan haciendo activo lo sufrido pasivamente, a modo de catarsis)
3- actitud hiper-vigilante (la que deriva luego en falta de atención o dificultad para la resolución de situaciones problemáticas en otras áreas de su vida ej, escuela)
4- actitud inadecuada hacia los adultos (ej. querer agradar)
5- miedos a los adultos (se perciben gestos en el niño que denotan intentos de querer protegerse ej. brazo que se antepone entre el adulto y él)
6- rehuir la mirada de los otros (el niño adquiere la creencia que cualquier cosa que haga o diga puede ser causante de enojo y la consecuente agresividad. Teme que su mirada lo delate de algo que probablemente ni hizo, pero que él de modo inconciente se culpa en busca de una justificación)
7- silencios, introspección, aislamiento, evitación.

Mamá / Papá
Entiendo que puede ocurrir que hayas aprendido un modo de comunicación que no es el favorable ni el adecuado, es más, tal vez ese modo que resultó ser agresivo, grosero, violento, no te hace bien ni a vos, ni a tu entorno, y mucho menos a tu propio hijo.
Entiendo incluso que a lo mejor hasta no te hayas dado cuenta de lo que estaba ocurriendo. Estabas tan acostumbrada/o a esta forma que ya se hizo "normal" de puro cotidiana. Pero tratarse mal, gritarse, o agredirse, o amenazar te está lastimando a vos y lastima a quienes te rodean, y en este caso estoy hablando muy especialmente de tu hijo.
Por eso, si hasta ahora no te diste cuenta, y luego de leer estas líneas lográs ver que algo de esto está pasando en tu hogar, date una oportunidad y a tu hijo.

El es un niño, no puede defenderse, su estatura no se lo permite, su maduración mucho menos. 

Reaccioná. No permitas que tu hijo esté en riesgo. Permití que tu hijo tenga una vida sana, sin traumas.
Cuidate y cuidalo. Estoy segura que vas a lograrlo.
Y si sóla/sólo no podés no te olvides, pedí ayuda. Vos y tu hijo, lo merecen.

Lic. Stella Maris Riera - Psicoanalista
Terapia del Niño y Su Familia
lic.smriera@yahoo.com.ar





jueves, 14 de julio de 2016

PERSONAS QUE NO PUEDEN CONTROLAR SU IRA


Si te enojás fácilmente, si tu enojo te desborda, y por sobre todo, si estás leyendo esto, y te reconocés como una de esas personas que no consiguen controlar su ira, entonces tal vez te resulte beneficioso que aprendas a reconocer las señales que suelen aparecer antes que ese impulso te desborde.
El cuerpo SIEMPRE avisa. Sólo tenés que saber escucharlo. De este modo, podrás anticiparte a ese impulso que te hace caer en situaciones violentas, que ponen en riesgo a tu entorno y seguramente a vos mismo.
Estas señales suelen ser: sudoración, calor intenso, temblores, pensamiento rumiante o idea fija, palpitaciones, etc. Pueden darse juntos, o de forma aislada. Es muy importante reconocerlos porque te ayudarán a anticiparte.
“Si podés anticiparte a tu ira posiblemente puedas controlarla”.
La finalidad de este informe es dejarte un aporte para que puedas hacerlo:
1- Tomá distancia: Un “tiempo afuera” podría ayudarte. Alejate del momento del conflicto; para que quede claro “te vas”… si te quedás ahí, la violencia se hará una bola de nieve que irá creciendo y que te resultará difícil de parar. Pero si te alejás, podrás calmarte, y volver cuando haya pasado. Ya tendrás oportunidad de aclarar las cosas en otro momento.
2- Quitá la atención de lo que te está enojando (para ello, buscá cuál es el recurso más adecuado para vos, el que mejor te ayude a lograrlo). Podrías probar con el control de tu respiración: P. Ej. acostado, respirá profundo y exhalá lentamente. O mejor aún: sentado, con tu espalda erguida, con tus manos tomando tu cuerpo a la altura de las costillas, respirá cortito, con la boca puesta en pico, lentamente, tantas veces como sea necesario, hasta que sientas que no entra más aire en tus pulmones y luego, también muy lentamente, exhalá del mismo modo. Repetilo tantas veces como te resulte necesario. Cuando te sientas más sereno podrás volver.
3- Encontrá entre las cosas que te dan placer (música, caminata, etc) aquella que te permita separarte del conflicto.
4- Pedí ayuda
Nunca olvides el punto 4, porque SALIR SE PUEDE.

Stella Maris Riera - Psicoanalista UBA 


miércoles, 29 de junio de 2016

Mi hijo no hace caso - La Clínica con Niños: La Torre de Hanoi Parte 2


ANECDOTARIO
Clínica con Niños – La Torre de Hanoi

Este niño que a partir de ahora llamaré Juan,  se dispone a “jugar” con la torre.
Escuchó la consigna, dijo haberla entendido, y va a comenzar. Está concentrado.
Los primeros tres discos los mueve “sabiendo” cuáles son los movimientos que debe realizar. Luego del cuarto disco, los movimientos comienzan a ser más, y menos efectivos. Continúa muy concentrado. Su atención está puesta sólo en su su próxima jugada. El silencio invade el consultorio. Comienza a ponerse inquieto (lo noto porque hace un movimiento repetitivo con su pierna, y se acomoda una vez y otra en el sillón, cada tanto, resopla “mostrándome” que está cansado). Sin embargo, persevera.
En ningún momento intenta abandonar el juego ni volver a empezar. Insiste. Los minutos pasan y los movimientos se vuelven confusos, ya no tienen la lógica con la que había comenzado en sus primeros tres. Intervengo preguntándole qué siente. Responde que nada. Está contrariado. (Yo estoy observándolo. Esto impide que haga trampa, que pueda, a su antojo, cambiar alguna regla –pero esto es solo una presunción-)
Ya pasó media hora desde que comenzó la sesión y la posibilidad de resolver la torre antes que termine su hora, se va alejando. Su inquietud se hace manifiesta.
Le comento que ya está por llegar su papá y que si le parece bien podemos dejar “el juego” en suspenso para terminarlo la semana próxima. (Cabe aclarar que en otras oportunidades y con otros juegos la ansiedad de este niño no habría permitido dejar algo inconcluso para terminarlo en otro momento) Pero esta vez, accede.
La torre queda apoyada a un costado suyo con seis discos ubicados de forma correcta. Entonces, se apoya sobre su espalda y sin mediar palabra, llora. Le pregunto por qué llora, si quiere hablar de lo que le pasa, pero no contesta. Suena el timbre (su papá está en la puerta, viene a buscarlo). Se levanta para irse y antes que lo haga, intervengo:

-Hoy fue un día importante, estuviste mucho tiempo intentando resolver la torre y aunque no llegaste al resultado que esperabas, insististe… y si… te enojaste un poquito, pero supiste controlar ese enojo. Eso es positivo. También te angustiaste. Se que te apena no haber logrado lo que esperabas… pero tenés que saber que en el juego como en la vida, no siempre se gana, que lo importante es lo que hacemos para alcanzar lo que queremos y que cuando algo no resulta como esperamos se puede pensar en otras formas de solución. Está bueno ser perseverante, pero a veces hay que reconocer que estamos equivocándonos, y tal vez, pensar en la posibilidad de cambiar el modo de actuar. A lo mejor haya que revisar lo que hicimos, y volver a comenzar, en lugar de insistir e insistir en lo que no nos permite avanzar. Si siempre hacemos lo mismo, siempre obtenemos el mismo resultado. De los errores también se aprende. Como en la vida ¿viste? –

Cuando Juan vuelve a la sesión siguiente la torre sigue en el mismo lugar que él la dejó Entra rápido (antes que yo llegue ya está de nuevo, intentando “resolver su problema”) Esta vez lo hace con movimientos seguros y más rápidos. No hay angustia ni enojo. Si hay dedicación y empeño. Llega hasta el disco 8. Termina su tiempo. Se va contento. (¿será que ha avanzado esta vez, un poquito más?) A la siguiente sesión la torre continúa en su lugar. Sólo faltan dos discos para alcanzar la meta propuesta. Pero esta vez Juan me pregunta si puede mostrarme un juego, que quiere hacer otra cosa. Le contesto que como él lo desee.
Juan saca su computadora de la mochila y pone un juego en el que “debe sortear obstáculos” y de este modo avanzar pasando pantallas. Lo hace una vez, pierde una vida. Vuelve a comenzar. Lo hace nuevamente. Pierde otra vez. Vuelve a comenzar y cuando lo hace comenta: esta vez voy a hacerlo de otra forma. Y avanza. Se lo hago notar – en el juego como en la vida no siempre se debe insistir en la misma forma de proceder, darse cuenta a tiempo del error, y cambiar te dejó llegar más lejos – Sonríe y comenta – la próxima vez termino la torre –

Y colorín colorado, este proceso, no se ha terminado…



Stella Maris Riera - Psicologa - UBA 


Mi hijo no hace caso - La Clínica con Niños: Torre de Hanoi (parte 1)


Un niño no llega a terapia, "lo traen". Un niño no demanda tratamiento, "lo hacen sus padres". Un niño no siente que tiene un problema, el problema "lo tiene su familia". Con lo cual, el trabajo con un niño no es tarea sencilla. Hay que generar un vínculo y con suerte, con el tiempo, su propia demanda.
Requiere de un largo e intenso proceso, donde el niño y también el terapeuta, irán buscando / encontrando, diferentes formas de acercamiento y comunicación.

Como muchos ya saben el juego es el medio privilegiado para transitar este camino que poco a poco nos irá llevando a alcanzar pequeñas metas.

Hoy quiero contarles acerca de un juego que en el ámbito de la clínica se transforma en una herramienta de evaluación y diagnóstico como tantas otras.

                                                     

Se trata de la conocida Torre de Hanoi: es un juego al tiempo que un test. 
Permite evaluar la función ejecutiva del niño. Esto se debe a que su resolución requiere de planificación, control y organización. Además se necesita pensar, perseverar, preveer movimientos.
Este juego, al igual que muchos otros, le permite al niño encontrarse con sus sentimientos y emociones tales como frustración, enojo, ansiedad, y angustia. 
Cada niño tendrá SU encuentro particular y subjetivo con el "juego". 

En fin, una herramienta más en la clínica con niños. 

(Si te interesa leer un caso clínico seguí el siguiente enlace Torre de Hanoi (Parte 2)

http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2016/06/mi-hijo-no-hace-caso-la-clinica-con_94.html








miércoles, 15 de junio de 2016

Mi hijo no hace caso – La Clinica con Niños

Si este tema te interesa seguí los sig enlaces
http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2015/06/mi-hijo-no-hace-caso-descontrol-de.html
http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2016/06/mi-hijo-no-hace-caso-cuando-el-nino.html

La clínica con niños tiene una peculiaridad: no es el niño sino los padres quienes solicitan la consulta. Por eso, la transferencia con los padres, es indispensable.
El analista tendrá que tomarse tiempo. Un tiempo que no es el de él, sino de los papás y del niño. A medida que las entrevistas se vayan sucediendo, se irá construyendo el vínculo. En ese vínculo surgirá el sujeto, y con él, también surgirá la demanda, para tratarlo, a la espera de aliviar su sufrimiento.
Las fantasías inconcientes de los padres, tienen efecto sobre los hijos, y si tenemos suerte, tal vez, podamos oírlo en su discurso, verlo en su juego o inferirlo en sus dibujos.
Así por ejemplo, y sin pretender caer en falsas generalizaciones, las zonas sombreadas y el lugar donde éstas se ubican, son tenidas en cuenta a la hora de ver los conflictos; así como una boca grande y dentada descubre, aún, lo más escondido. Por supuesto vale aclarar que si bien los niños se manifiestan en sus dibujos, éstos se complementan con el resto de sus diferentes expresiones. Ninguno de estos ítems tienen valor aisladamente, la vida no es causa y efecto, y nada es analizado como los viejos jeroglíficos de la antigüedad. Estos datos son a modo de ejemplo, para contarles acerca de todo aquello, de lo que el niño, aún sin quererlo, puede expresar.
El inconciente persiste e insiste, y de alguna forma encuentra el modo de manifestarse.
Los niños, lo hacen como pueden: a veces es a través de la palabra, pero cuando esto no sucede, es en un sueño o un síntoma, o como vemos, en un dibujo donde el inconciente encuentra una vía regia para saltar la barrera de la represión y salir al exterior.
Los niños, además de niños, son sujetos. Tienen mucho para decir, sólo necesitamos animarnos a escucharlos.
En esa escucha algunas veces, nos encontraremos con un conflicto que será individual; otras veces, el síntoma del niño será sólo un emergente de un conflicto familiar. Entonces tendremos que comenzar a usar el plural y si tenemos suerte, esta familia dejará de nombrar al niño como “el enfermo” para admitir: “algo nos está pasando”.
Como siempre, y para todos los casos, LA RESPONSABILIDAD DE LOS PADRES, ES UNO DE LOS PILARES PARA LA SALUD MENTAL DE LOS HIJOS.

Stella Maris Riera – Psicoanalista – UBA 

Mi hijo no hace caso - Cuando el niño hace un síntoma

Seguí leyendo sobre este tema en
http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2015/06/mi-hijo-no-hace-caso-descontrol-de.html

Un niño hace un síntoma, y en líneas generales es en la escuela, donde ese síntoma se despliega primero. La familia comienza a recibir notas, y se les cuenta acerca de los reiterados llamados de atención. Entonces en el hogar se comienzan a poner en marcha diferentes recursos para que el comportamiento del niño mejore, hablan de responsabilidades, utilizan premios, castigos, se sienten tristes, se enojan. Se ponen felices con cada logro, se frustran con cada equivocación. Finalmente desde la escuela llega la sugerencia para la consulta psicológica. La familia, presionada por las autoridades, de acuerdo o no con ello, me visita.
¿Será ésta una consulta deseada? ¿O simplemente estarán complaciendo el requerimiento de la Institución?
Escucho a esos papás, y luego al niño. Me tomo el tiempo que considero prudente para conocerlos y para que ellos, también me conozcan.
El tiempo que a mi criterio sea prudente y necesario para hacer de esa consulta obligada, una demanda deseada.
Comienza un trabajo que para mí será familiar. Y será únicamente de este modo que aceptaré trabajar con el niño, porque entiendo que de nada sirve una o dos horas de terapia semanal o la píldora mágica que lo calme, si al cerrarse la puerta del consultorio el niño vuelve a un ambiente caótico.
Si pretendemos un niño atravesado por el orden y la ley, esa ley deberá primero, atravesar a sus padres.
El hábito, la rutina diaria, sin sorpresas ni sobresaltos, harán que el niño alcance su propio orden interno; que logre sentirse confiado y seguro. No habrá esperas fallidas que generen incertidumbre o frustración; o ansiedad, descontrol, miedo, o enojo. En síntesis, dejará de haber esas diferentes formas de sufrimiento que hacen llegar a los padres a la consulta.
Entiendo, que somos nosotros, los profesionales de la salud, quienes debemos darnos y darles tiempo. Un tiempo suficiente para transitar el camino, el andar, pero también la espera. Hacer nuestro trabajo de manera concienzuda. Sin prisa pero sin pausa.
Los niños requieren de nuestra mirada. Y al decir mirada, no digo intromisión, digo, simplemente, mirada. La vieja “observación del médico de cabecera” que parece haber quedado sepultada en el olvido, entre las telarañas de los libros viejos.
Digo: ocupémonos del niño pero también de su familia.
Miremos viendo un poquito más allá y por qué no, mas acá. Veamos sus costumbres, sus miedos, sus reacciones, sus ansiedades. Preguntemos, seamos entrometidos. Tenemos que conocer cómo viven. De qué espacio disponen, cómo se alimentan, cómo y con quién duermen. Cómo juegan, si lo hacen o no. Si sus juegos son activos o pasivos, si son reglados, si necesitan del desplazamiento, o si permanecen quietos. Si conversan, si pueden escuchar. Si dibujan, si pueden mancharse y disfrutan con ello. Si modelan utilizando elementos blandos, si son creativos, estructurados, plásticos, rígidos o flexibles.
Ésta es sólo una lista de las tantas cosas que intento ver en los niños a la hora de pensar qué les está pasando. Si le está pasando “a él” o “sólo es él quien hace el síntoma en la familia.”
Tal vez este niño revoltoso o inquieto, este niño que no consigue prestar atención, o no logra resolver problemas, o comprender textos… Tal vez este niño con regulares en la columna de conducta en el boletín, o el insuficiente en las pruebas, sólo es un niño vulnerable.

No puedo generalizar ni asegurarlo. Pero digo, sólo tal vez, este niño es el que puede expresar el conflicto familiar, latente o manifiesto, del que nadie más sabe, puede, o quiere hablar.

Stella Maris Riera - Psicoanalista - UBA 

miércoles, 4 de mayo de 2016

La Anticipación y El Pensamiento Trágico





La anticipación es un mecanismo de defensa. Está ubicada entre los mecanismos que se consideran adaptativos, porque, gracias a ella, el sujeto evalúa situaciones conflictivas (internas o externas) considera sus posibles consecuencias (acorde a la realidad) y elige el mejor modo de resolver, teniendo en cuenta las diferentes y posibles alternativas. 

Sin embargo, esta anticipación que resulta ser un maravilloso recurso utilizado correctamente, puede transformarse en dificultad si deja de estar adaptado a la realidad. 

Esto podría dar lugar al surgimiento de otros mecanismos, como la racionalización, las distorsiones cognitivas, o los comportamientos impulsivos, que dependiendo de su frecuencia e intensidad podrían resultar patológicos y perjudiciales para el sujeto. 

Cuando esto sucede se pierde la posibilidad de realizar juicios racionales, (o al menos resulta más dificultoso), el pensamiento trágico suele ubicarse en primer plano, y la eterna preocupación hace que no se consiga disfrutar del presente porque resulta más urgente tener calculado lo que pudiera ocurrir mañana...  Y "El mañana siempre será incertidumbre".  

Debemos aprender a lidiar con ella, a corrernos de la eterna preocupación, porque la preocupación paraliza, genera displacer y sufrimiento. 

Por eso, no te preocupes más, a partir de hoy, ocupate. Y si solo no podés, pedí ayuda, no te olvides, salir se puede. 



Stella Maris Riera - Psicóloga Universidad de Buenos Aires

jueves, 4 de junio de 2015

Mi hijo no hace caso – Descontrol de Impulsos


Cuando de descontrol de impulsos se trata el uso de la palabra es fundamental. Por eso, tengamos en cuenta:
1 –     Al expresar una pauta de conducta usemos frases cortas, claras y simples, asegurándonos que el niño está comprendiendo lo que le estamos diciendo. Una buena manera de saber si comprendió es pedirle que nos explique él mismo aquello a lo que nos estemos refiriendo pero ahora, con sus propias palabras.
2 –     Al hacerlo, sostengamos esa pauta expresada.
Ambas cosas le permitirán al niño, no caer en malos entendidos y conocerá la importancia de la autoridad, la palabra empeñada, y la responsabilidad.
No gritamos, no amenazamos, no castigamos. Usamos la palabra a tiempo, con firmeza, claridad y persistencia. Es decir, sólo le mostramos quién es el adulto en esa familia, quién es la autoridad. Si la palabra por sí sola no alcanza, separemos por unos minutos al niño de esa situación que le provocó el enojo. (Esto no es una penitencia, lo separamos de esa situación para que se calme pero puede hacer otras cosas que le den placer y serenidad) Pasado ese tiempo (el que cada niño necesite) podrá volver a jugar, pero ahora sabiendo, porque se lo habremos explicado,  que dañarse o dañar a otro no lo beneficia sino por el contrario, lo perjudica, y lo aleja de sus amigos.

De esta forma, aprenderán que no hace falta ir por la vida tratando de demostrar quién es el más fuerte, o quién puede más. Aprenderán que no hace falta gritar, ni pegar, ni llevarse el mundo por delante para ser considerado, o visto. De esta forma, habrán aprendido con nuestro ejemplo. 

Stella Maris Riera - Psicoanalista - Universidad de Bs. As.
Atención del Niño y su Familia
Atención individual del Adolescente y del Adulto
Dirección de correo electrónico: lic.smriera@yahoo.com.ar