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domingo, 27 de diciembre de 2015

Siempre se trata de morir.

Anubis


Agonizar, fallecer, perecer, expirar, fenecer, espichar, crepar, palmar, acabar.  
Pasar a mejor vida. Estirar la pata. Salir de gira. Partir. 
Caer, terminar, extinguir. sucumbir, finalizar. O simplemente, morir.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) Psicoanalista - Oidora y Contadora de Historias


lunes, 9 de noviembre de 2015

La muerte, incansable

Nicoletta Tomas Caravia
www.pinterest.com


Y al final volvió. Al principio merodeó irónica. Como es su costumbre, disimuló su presencia. Se escondió en las ilusiones, en las risas compartidas. Se ocultó entre las charlas de mate y hasta te permitió planear tu futuro. Y nadie la vio, o tal vez, no quisieron verla. La ignoraron. Durante un tiempo fueron felices; y se los permitió. Pero ella, inexorable, permaneció allí. Camaleónica se pegó a las paredes, fue sábana sudada, paño tibio en la frente, fue morfina, y hasta se confundió con algún rayo de sol. Y envuelta en papel de regalo, cuando menos lo esperaban, pegó su zarpazo y te llevó.

(Tristemente dedicado).

Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias 


martes, 23 de junio de 2015

El tránsito final, la muerte anda rondando.


Anda rondando. Desprejuiciada camina por el sólido edificio. Sube un piso, lo baja, se detiene: en el viejo sillón, se sienta, complacida; entre dolores y rezos, morbosa, se relame. Se mezcla con el sol de la mañana. Nos miente, y le creemos. Queremos fiarnos, tener fe, queremos aguardar hasta saber que se ha marchado. Sin embargo, sigue ahí. Licenciosa, juega entre los árboles. El jardín en un esfuerzo vano, muestra su actual e inservible belleza. Anda rondando. Por momentos,complaciente, siembra semillas de esperanza, luego, intransigente, su naturaleza la domina, se manifiesta en su ser, irreversible. La encerrona trágica es su mejor amiga. La tragedia, su cordial compañera. La desolación, su pareja inseparable. Quisiera que se canse, que detenga su marcha, que se apiade. Quiero llorar de una vez y para siempre, darle fin a esta agonía, pero ella, implacable, gozosa permanece. Anda rondando.

Stella Maris Riera - Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias 

martes, 26 de mayo de 2015

Ausencia de Mí

cronicadeunatraicion.wordpress.com


Los escucho. Preparan sus quehaceres, comparten su charla. El sonido de los cacharros, en la cocina, me trae imágenes conocidas. Sus lenguas relamen los huevos recién fritos y las papas doradas en su punto justo. Su vida cotidiana transcurre sin mí. Mi mente (morbosa) disfruta su risa, y en mi inminente ausencia me siento triste.

Stella Maris Riera - Argentina (1958) Psicoanalista, Contadora de Historias



miércoles, 25 de marzo de 2015

PULSIÓN - (Trieb)

Lecturas Psi


Pulsión: definida por Sigmund Freud como un proceso dinámico, consiste en un empuje, una carga de energía.

Para Freud la pulsión es un concepto límite entre lo somático (organismo) y lo psíquico (todo lo relacionado con las funciones o elementos psicológicos)[1].

Sabemos que el sujeto tiene excitaciones que provienen tanto del exterior como del interior del organismo. De las excitaciones externas el sujeto puede huir o protegerse, en tanto que de las internas no puede hacerlo. Ambas, tienen repercusión en el aparato psíquico.

En el texto “Las pulsiones y sus destinos” Freud menciona y describe los cuatro elementos de la pulsión, a saber:

  • objeto: el mismo será variable y será elegido de forma definitiva de acuerdo a la singularidad e historia de cada sujeto
  • fin: no es uno, sino que son múltiples, además de parciales, de ahí que hablemos de pulsión parcial[2] las que dependerán de las fuentes somáticas de las que provengan.
  • fuente: también son múltiples, y conocidas como zonas erógenas.
  • empuje, se refiere a la fuerza, a la exigencia de trabajo impuesta al aparato psíquico.

Existen diferentes etapas en el desarrollo libidinal del sujeto y como ya se explicó, están ligadas a las zonas erógenas.

Estas etapas son tres: Oral, Anal, y Fálica

En la etapa oral, la zona erógena es la boca. Los niños obtienen placer chupando, mordiendo, por lo que se llevarán a su boca objetos como también partes de su propio cuerpo, manos, pies. Es el momento del autoerotismo. En la etapa anal, comienza el control de esfínteres, el placer está en retener y expulsar. En la etapa fálica, (entre los cuatro y seis años aproximadamente) se descubren los órganos sexuales, el placer consiste en tocarse, y los niños sienten curiosidad por la diferencia de sexos.
Alrededor de los seis años, con el comienzo de la etapa escolar, (y hasta los doce edad promedio) el niño comienza un período conocido como de latencia donde su interés se pone en aprender y en relacionarse con sus pares.  (Cabe aclarar que las edades mencionadas son únicamente a modo orientativo, dado que estas etapas aunque sucesivas, no son cronológicas). Con el advenimiento de la pubertad llega el “despertar sexual” donde ocurren nuevos cambios físicos y psicológicos. Pero estos ya son temas que merecen un capítulo aparte.



Stella Maris Riera - Psicoanalista - Universidad de Bs. As.
Atención del Niño y su Familia
Atención individual del Adolescente y del Adulto
Dirección de correo electrónico: lic.smriera@yahoo.com.ar






[1] “La pulsión va ligada según Freud a la noción de “representante”, entendiendo por tal una especie de delegación enviada desde lo somático al psiquismo” Pag. 326 Diccionario de Laplandhe y Pontalis
[2] Están ligadas a la etapa del desarrollo libidinal (oral, anal, fálica)

lunes, 23 de marzo de 2015

El último trance



Flotaba. Mis ojos miraban mi interior. Sin embargo, veía ese sector de nubes ubicadas justo por encima de mi cabeza. Estaban sobre mí en mi cielo, y pasaban lentamente. Una tras otra, formaban hileras; se inflaban. Adulteraban su personalidad transformándose en flamantes rosetas de maíz, tiernos pochoclos. Mi cielo se endulzaba.
Flotaba. Mis piernas descansaban unidas, casi pegadas, y aunque mis ojos continuaban cerrados, yo alcanzaba a ver las uñas de mis pies coloreadas con ese barniz negro que tanto me gusta (al notarlo, quedé satisfecha). Mis pies eran delgados, mis dedos parejos (me gustaban mis pies). Formaban una escalera que invitaba a trepar, vaya a saber dónde y a quién.
Flotaba. Mis brazos se abrían cual Cristo crucificado. El agua me sostenía. Yo descansaba sobre ella, o tal vez era ella la que descansaba por debajo de mí. Mis pensamientos se detenían. Pero mi mente, rebelde y traicionera, aún inquieta, insistía en reparar en ese líquido cristalino. Le adjudicaba cientos de colores.
Flotaba. El sol posaba su lengua de fuego sobre mi piel; y perverso (o tal vez generoso) lamía aquellas partes mías, que permanecían en la superficie. Mis sentidos se exaltaban. Por escasos instantes creí haber percibido que toda yo, era sentidos.
Flotaba. Y en esa danza, serena y enigmática que mantuvimos a solas la naturaleza y yo, fui música y, a la vez, silencio. Fui ritmo, calma, día y, a la vez, fui noche. Luego, mi cuerpo perdió ese preciado y circunstancial equilibrio; me hundí, caí en el fondo. Sobresaltada, abrí mis ojos: unas cuantas burbujas ascendentes me hicieron comprender  que mi respiración ya no me pertenecía. Mis piernas se esforzaron en un pataleo absurdo, y aún creo recordar ese instante en el que, por última vez, vi mis uñas perfectamente pintadas con ese barniz negro que tanto me gusta


Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias 

“El último trance” es el tercero de los tres microrrelatos que forman la “Trilogía Final”: Premiada con Medalla de Plata y Publicada en Antología "Letras Argentinas de Hoy 2014" por la Edit. De Los Cuatro Vientos


Las imágenes corresponden a la artista Charo M. Mejías nacida en Madrid en 1951, se inicia en el mundo de la pintura en el año 1999, a través de cursos de dibujo y pintura que imparte el Ayuntamiento de Madrid. Realizó exposiciones en diferentes lugares individuales y colectivas. 


"Cielo y mar"
"Chico bahiano"

"Laguna de Venecia"

Más información siguiendo el sig. enlace
Charo Martin Mejias

domingo, 22 de marzo de 2015

En mi pecho anidaban alondras

"Mujeres con pájaros"
Walasse Ting


Creo que todo comenzó aquella vez que mi temperatura llegó a 39. Parece que mis arterias se engrosaron y mi sangre se endulzó. Cuando acudí al médico y me preguntó los síntomas le dije que en mi pecho anidaban alondras, que yo sentía su aleteo y su canto. Le dije que al principio fue una, sólo una; que entraba y que salía por el hueco de mi oído, que deambulaba solitaria, y transportaba vaya a saber qué.
Pero claro, no me comprendió. Desconcertado llamó a su colega quien de inmediato, también quiso conocer mis síntomas. Entonces le conté de aquel día que mis poros se agrandaron, es más le expliqué que seguro fue cuando llegó ella, intentando pasar desapercibida para no ser descubierta, pero yo estaba atenta, y a pesar de su sigilo igualmente la sentí. Sé que permaneció por meses en ese nido que yo había intuido estaban gestando en mí. Le repetí que yo sentía sus movimientos y que recuerdo perfecto cuando una nueva voz comenzó su piar.
Sin embargo, a pesar de mi esfuerzo por ser clara y precisa, este médico tampoco comprendió. Juntos resolvieron que sería un desprestigio dar crédito a semejante locura. Así que con la mejor cara de científico afianzado en su supuesto saber, y mucho antes que yo tuviera oportunidad de hacer pregunta alguna, anticiparon un diagnóstico: “usted no tiene nada”, “a lo sumo se trata de estrés o puro cansancio”. Desconfiada, me marché.
Pasaron unos meses hasta aquel día en que el sol amaneció redondo y caliente como esos platos de sopa que supe tomar en mi niñez.
Mi cuerpo por un instante se puso aún más febril y algo se arremolinó en mi interior. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y me estremecí.
Sentí nuevamente ese aleteo del que le había hablado a los médicos y con el que pretendí convencerlos de lo que, para entonces, parecía que sólo yo podía comprender; pero esta vez era muchísimo más rápido e intenso.
Un sonido estremecedor me ensordeció. Entonces, un impulso incontenible me llevó a abrir de par en par las ventanas. Y no sabría decir cómo pero, cuando absorta levanté la mirada, mi cielo estaba lleno de alondras.
Sí, estoy segura; fue justo en el instante en que mi pecho explotó.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias


Las imágenes pertenecen al artista Walasse Ting 
Sus pinturas son ricas en colores. Mujeres desnudas, gatos, pájaros y otros animales fueron temas típicos del arte de Ting. Nació en China en 1929. Abandonó China en 1946 y vivió un tiempo en Hong Kong. Luego se mudó a París en 1952Luego se mudó a EE.UU. donde empezó como un artista del arte abstracto, pero la mayoría de sus obras desde mediados del los años 70 han sido denominadas "figuratismo popular". Son obras de grandes áreas de color pintados con colores acrílicos.Fue autor de 13 libros. Sus obras se pueden ver en las colecciones de varios museos. A veces se utiliza su nombre chino "丁雄泉" o se utiliza una de sus traducciones: Ding Xiongquan o Ting Hsiung-ch'uan. Falleció en Nueva York el 17 de mayo de 2010 a la edad de 80 años. 

Esta información fue tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Portada

Otras obras del artista tomadas de la siguiente página community.ebay.com








"En mi pecho anidaban alondras" es el primer microrrelato correspondiente a "Trilogía Final"





sábado, 21 de marzo de 2015

El Equilibrista (una historia no tan irreal)

"Equilibrista"
Si estás atravesando por algún tipo de consumo
no esperes más, informate, salir se puede.
Y si solo no podés, pedí ayuda
http://sublimaressanar.blogspot.com.ar/2015/03/adicciones-3-consumidor-consumido.html

La carpa se alza imponente, radiante y colorida. El día va cayendo sobre el pasto, húmedo, recién cortado. El crepúsculo se avecina. El sol, altanero, orgulloso de su poder, deja caer un último despilfarro de luz. La luna, en cambio, humilde y generosa, aletarga su marcha; se detiene, y asomándose entre los pliegues de la lona del circo, intenta retener alguna imagen, para soñarla luego, en lo que vaya a quedar de la noche. Las sillas están ubicadas formando una O amplia y contenedora. Sobre ellas, a los lados y por detrás, las luces, una a una, se van encendiendo. Arriba, muy alto, un cordel tirante se extiende, sostenido a cada lado por dos barras de hierro, y sobre él, preparando su acto, está Francisco: Pancho para los chicos, El Loco para los adultos. En el circo la magia reina mezclada escondida entre la música. Francisco camina sobre el cordel: cabeza al frente, brazo extendido, flor en mano: siempre al borde.
Algún psicólogo podría decir que su destreza no es casual. De un lado, está la locura, del otro, la muerte, y en el medio, en el medio Francisco, tratando de amarrarse a la vida§
El equilibrista tiene una larga historia, pero parece que sus altibajos han logrado que aprenda la lección: vivir es permanecer en equilibrio. Pero no alcanza con saberlo, debe practicarse día a día, recordarse paso a paso. Con cada ida y vuelta, hay un sólo por hoy. Por eso, cada tarde, insiste en repasar su acto, como si fuera la primera vez. Francisco se entrega, y sabe que en esa entrega, no está solo. Los chicos lo admiran. Los grandes lo aplauden. Allá arriba, en el cordel, es el Rey del Reino de la Nada. Cuántas veces se habrá sentido la nada misma, pero ahora, en la mirada cálida y sostenida de los otros, nuevamente encuentra su verdadero a ser.
Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de historias
Mismo tema, diferentes artistas
(podés ver más siguiendo este enlace es.artquid.com

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§ Las Adicciones tienen tres caminos: la locura, la cárcel, o la muerte. Se puede salir, informate, y si solo no podés, pedí ayuda. 

Y el mundo sigue andando

"La tristeza y el alma"
Ana Belen S. Ramirez
Artista Española


Los veo. Están reunidos alrededor de mí. Algunos lloran. Algunos posan sus manos a mi lado. Me sujetan. Creo que ellos también se sujetan. Algunos, abrazados callan su dolor, otros, despojados de toda vergüenza, lo claman. Oigo murmullos, palabras que no alcanzo a comprender, quejidos. En un rincón, los niños, nerviosos, se ríen, y sus madres, en un solo gesto, imploran seriedad. Pero ellos ríen. Saben que pueden hacerlo, que éste es mi momento y en él, está permitido reír. Ya había sido dicho: -cuando suceda, cada uno hará lo que le plazca-. Me gusta verlos de ese modo, y sabiéndolos libres, sentirlos. El tiempo se detiene, supongo ha de ser porque ya están llegando; unos pasos pesados me lo anuncian. Bronces y maderas conjuran el minuto final.  Mi alma zozobra, huidiza, cobra vuelo. Es mi último instante, el silencio se hace grito, y a pesar de ello, el mundo sigue andando.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) – Psicoanalista – Contadora de Historias


Ana Belén S. Ramirez (artista española)
Nació el 17 de Enero de 1985 en Sevilla, y desde muy pequeña se inició en la pintura de una forma autodidacta. 
A finales del año 97, con apenas once años realizó su primera exposición en solitario en colaboración con la Asociación Cultural de Federico García Lorca y el Ayuntamiento de Sevilla.
Tres años después, recibió clases particulares de pintura al óleo hasta la edad de 19 años, adquiriendo distintas técnicas pictóricas y estilos. En esta misma época, entra en la Universidad de Sevilla en la Licenciatura de Historia del Arte. En el 2010, a la edad de 25 años termina su licenciatura y comienza un máster oficial por la Universidad de Sevilla sobre Arqueología especializada en proyectos de interpretación del Patrimonio Arqueológico que lo finaliza en Septiembre del 2011. Hoy en día, después de una larga trayectoria en el aprendizaje de la pintura y en otros aspectos, su obra empieza a cobrar sentido y vida. 
Esta información fue tomada de Artelista 

Otras obras de la artista 

"Bodegón"
"Atardecer en el Guadalquivir"

"Pavo Real"


Rubén Rada, con su "Muriendo de Plena" expresa lo que deseo que suceda, cuando suceda. Los que me conocen ya lo saben, los que no, están enterándose ahora.
La vida es maravillosa y la muerte es sólo el paso intermedio entre ella y la eternidad. Estoy convencida de ello: el recuerdo de la gente que amé y que aún en su ausencia continúo amando, me hacen estar segura de ello. 




lunes, 9 de marzo de 2015

Las muertes olvidadas

Sublimar es Sanar
En la esquina de casa, día a día, entre cuatro y cinco chicos, se juntan y arman el picadito. Al verlos recuerdo a otros chicos, en otro tiempo, que estuvieron ahí, sentados bajo el techo de la vieja fábrica; la misma que hoy avanza su malvada estructura hacia delante, decayendo eternamente, con su pico de pájaro que llora en cada lluvia el dolor del olvido. Sus paredes húmedas aún conservan los viejos graffitis. Cierro los ojos, me parece verlos: ellos están sentados, sus espaldas se apoyan, sus cabezas cuelgan, sus piernas se abren en V y casi disciplinados forman una hilera larga y sinuosa; se acompañan, se ríen, disfrutan el letargo de sus días y en esa insensatez adolescente, pretenden sobresalir, mostrarse, ser diferentes y alcanzar una identidad, algunas veces lograda, otras, fallida. En esa búsqueda, penosamente, alguno de ellos ya se han ido. Hoy los recordé; me puse triste; por eso elegí pensarlos sentados en alguna parte, con las piernas abiertas en V, riendo a carcajada fuerte, y ahora, ya libres de todo riesgo, felices.



Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista, Contadora de Historias. 

sábado, 7 de marzo de 2015

Visceral.


"Mujer frente al mar"
óleo sobre lienzo
Valentín Solana

Quiero estar ahí y por un instante, poner mi mente en punto muerto. Y caer, o subir, o viajar a cualquier parte. Por un instante, dejar de ser mente. Ser sólo sentidos. Visceral, permitir que el mediodía se apoye en mis hombros, y arder. Beber la bruma que trae el ocaso, y apagarme. Ser calor, viento, sal, arena húmeda. Quiero estar ahí y por un instante, poner mi mente en punto muerto.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista, Contadora de Historias

Otras obras del Artista







Si te interesa la obra de este artista seguilo en www.artelista.com

La silla vacía

"Silla"
Van Gogh

Es un día soleado. Yo no puedo verlo. En ese espacio amanece el vacío. El sentimiento impera en el hueco de mi soledad primaria.
Soy emoción, latido, sudoración, y espanto. Soy fantasía, realidad y delirio. Soy ausencia. Es un día soleado. Yo no puedo verlo.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias






Vincen Van Gogh (1853-1890) En las décadas finales del siglo XIX, el impresionismo marcó el inicio de una profunda renovación de las artes plásticas que tendría continuidad en la sucesión de corrientes del arte contemporáneo, entre ellos, el holandés Van Gogh. Encarnación  del artista torturado e incomprendido, Van Gogh no llegó a vender más que uno de aquellos centenares de cuadros suyos que actualmente alcanzan desorbitadas cotizaciones en las subastas. El reconocimiento de su obra no empezó hasta un año después de su muerte. En nuestros días, Van Gogh es considerado unánimemente uno de los grandes genios de la pintura moderna. Su producción ejerció una influencia decisiva en todo el arte del siglo XX
Mas información en www.biografiasyvidas.com
Otras obras del artista








"La chambre de Van Gogh"

"Cafe en Arles"



"Almendro en flor"




La muerte, inescrupulosa

"Muerte y vida"
Klimt
La muerte, seductora, se pasea insinuante; camina a nuestro lado, alardea y humilla. La muerte es poderosa, sugestiva, ingeniosa; sabe mostrarse ingenua. Sólo pocas veces, la he visto generosa. Seductora, insinuante, poderosa, o ingenua. Ella es pura presencia. Ella reina el reino de la vida. Sin escrúpulos, no acepta diferencias, no repara en edades, no respeta fronteras. La muerte nos posee y nos llena de ausencias.


Stella Maris Riera, Argentina (1958) Psicoanalista - Contadora de Historias 
                                                       

La muerte, desapercibida

"El médico y la muerte"
Lisette Barbou Osorio
Artista Venezolana
Las hojas del lilium se mueven, deja al sol filtrarse entre sus hojas. Sobre el piso se dibujan burbujas traslúcidas que también se mueven. La brisa que todo lo atraviesa trae el clamor de la campana más cercana. Es domingo y la vida se mueve. Sin embargo, algún motivo que no alcanzo a comprender, hace que me perciba implacablemente quieta.


Stella Maris Riera, Argentina - (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias  


LA ARTISTA LISETTE BARBOU OSORIO

De origen venezolana, sus obras son de estilo realista, en los últimos años se ha dedicado al Arte del Retrato en crayon y pastel, en crayon y óleo, ha realizado exposiciones individuales y colectivas, con temas variados como: retratos, figuras humanas, animales, bodegones de frutas gigantes en óleo, sus obras se encuentran en instituciones publicas y privadas y en muchos hogares de Venezuela y otros países, actualmente exhibe sus obras en diferentes galerías...  Más información sobre esta pintora siguiendo este enlace: http://www.artelista.com/

Otras obras de la artista

"Rogando a Dios"


"Negra con guacamaya"


"Viendo en la oscuridad"

La muerte, anidando

Pintura: Siqueiros
Quiere volver. La siento en el cuerpo, agazapada. Y aunque se esconde, percibo sus señales. Ya no puede engañarme: la conozco, somos viejas amigas. Mis manos tiemblan, mi estómago se inquieta. Me irrito, estoy triste, desvanezco, me caigo y me levanto. Mi alma, solitaria, se desequilibra. Con pretensión de sueños profundos deambulo mis noches. Despierta, mi pensamiento eterniza mis días. Y aunque intento ignorarla, la siento. La muerte está anidando. Quiere volver.

Stella Maris Riera, Argentina (1958)  Psicoanalista - Contadora de Historias

La muerte, a secas.


"Muerte"
Antony Tapies 

Nubes negras se avecinan, se acercan. Quieren eludirlas. Una quietud inusitada se produce. En la oscuridad inmensa soy confusión, soy mudez, grito sin voz y alarido. Soy provocación y pérdida, dolor y duelo, hueco en el hueco, borde y vacío. Soy comienzo y final. Soy el todo y la nada. Nubes negras se avecinan, ésa soy yo, la muerte misma.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) 
Psicoanalista - Contadora de Historias 


viernes, 6 de marzo de 2015

La muerte solapada (*)

"vida y muerte"
http://www.intergaleria.es/


Dijo estar desesperado, que el día anterior había sido largo y tedioso, que se sentía frustrado y enojado, y que al llegar la noche e ir a acostarse buscó una idea que lo hiciera feliz. Dijo que cerró los ojos, que intentó no pensar y no lo consiguió, que intentó relajarse y no lo consiguió, que intentó dormir y no lo consiguió; y que entonces estiró su brazo, abrió el cajón de su mesa de luz, sujetó la caja de ansiolíticos que había comprado (sólo por las dudas) y sacó una pastilla y la tomó, pero luego sacó otra y también la tomó; y que no recuerda cuantas más fueron, sólo dijo oír aún el sonido de la sirena que había quedado grabado en su memoria. Supongo ha de ser una memoria colectiva, transgeneracional, inconciente, que nos sobrevuela a todos, acá, frente a su tumba, y nos cuenta, a pesar de su ausencia, de su profundo dolor.


(*) Solapada: Se aplica a quien se comporta con disimulo para no mostrar sus verdaderas intenciones.

Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias

martes, 24 de febrero de 2015

Trilogía Final

"Mujeres con pájaros"
WALASSE TING

I - EN MI PECHO ANIDABAN ALONDRAS                   


Creo que todo comenzó aquella vez que mi temperatura llegó a 39. Parece que mis arterias se engrosaron y mi sangre se endulzó. Cuando acudí al médico y me preguntó los síntomas le dije que en mi pecho anidaban alondras, que yo sentía su aleteo y su canto. Le dije que al principio fue una, sólo una; que entraba y que salía por el hueco de mi oído, que deambulaba solitaria, y transportaba vaya a saber qué.
Pero claro, no me comprendió. Desconcertado llamó a su colega quien de inmediato, también quiso conocer mis síntomas. Entonces le conté de aquel día que mis poros se agrandaron, es más le expliqué que seguro fue cuando llegó ella, intentando pasar desapercibida para no ser descubierta, pero yo estaba atenta, y a pesar de su sigilo igualmente la sentí. Sé que permaneció por meses en ese nido que yo había intuido estaban gestando en mí. Le repetí que yo sentía sus movimientos y que recuerdo perfecto cuando una nueva voz comenzó su piar.
Sin embargo, a pesar de mi esfuerzo por ser clara y precisa, este médico tampoco comprendió. Juntos resolvieron que sería un desprestigio dar crédito a semejante locura. Así que con la mejor cara de científico afianzado en su supuesto saber, y mucho antes que yo tuviera oportunidad de hacer pregunta alguna, anticiparon un diagnóstico: “usted no tiene nada”, “a lo sumo se trata de estrés o puro cansancio”. Desconfiada, me marché.
Pasaron unos meses hasta aquel día en que el sol amaneció redondo y caliente como esos platos de sopa que supe tomar en mi niñez.
Mi cuerpo por un instante se puso aún más febril y algo se arremolinó en mi interior. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y me estremecí.
Sentí nuevamente ese aleteo del que le había hablado a los médicos y con el que pretendí convencerlos de lo que, para entonces, parecía que sólo yo podía comprender; pero esta vez era muchísimo más rápido e intenso.
Un sonido estremecedor me ensordeció. Entonces, un impulso incontenible me llevó a abrir de par en par las ventanas. Y no sabría decir cómo pero, cuando absorta levanté la mirada, mi cielo estaba lleno de alondras.
Sí, estoy segura; fue justo en el instante en que mi pecho explotó.

                                                                                                                     
Klimt
II - LA MUERTE GENEROSA                                                  

Me dijo que nuestro amor ya nunca volvería a ser el mismo. Que lo supo aquella tarde en el hospital cuando vio a ese hombre que yacía en la cama agonizante.
Me dijo que una mujer tomaba su mano y sollozaba un te amo constante, casi eterno; que lo acariciaba una y otra vez, lentamente, como si esa lentitud aletargara el tiempo; que lo miraba profundo, que intentaba penetrar en sus ojos pero que ellos permanecían irremediablemente cerrados; que acompañaba su respiración, que tomaba su bocanada de aire como si fuera propia y luego, juntos, exhalaban una larga congoja.
Me dijo que ella permanecía sentada, con la mirada fija, casi inmóvil; que de haber sido una pintura de Klimt podrían haber continuado así, para siempre.
Me dijo que supo que nosotros jamás podríamos igualar eso. Y que ésto sólo lo sintió, pero cree estar seguro que en ese cuarto atemporal sólo la muerte se movía; se acercaba, intentaba tomar a ese hombre que su esposa no soltaba. Pensó que tal vez ante tanto amor, ella (la muerte) quiso ser generosa y cuando la respiración sobresaltada de él se volvió serena, se retiró a esperar.
Parece que decidió respetar ese silencio que sólo saben derramar las almas cuando aman y sufren, y que les permitió pertenecerse el uno al otro, como siempre, por un rato más.
                                                                                                                        

Baila bajo el agua
Charo Martin Mejías
http://mejias.artelista.com/
III - EL ÚLTIMO TRANCE

Flotaba. Mis ojos miraban mi interior. Sin embargo, veía ese sector de nubes ubicadas justo por encima de mi cabeza. Estaban sobre mí en mi cielo, y pasaban lentamente. Una tras otra, formaban hileras; se inflaban. Adulteraban su personalidad transformándose en flamantes rosetas de maíz, tiernos pochoclos. Mi cielo se endulzaba.
Flotaba. Mis piernas descansaban unidas, casi pegadas, y aunque mis ojos continuaban cerrados, yo alcanzaba a ver las uñas de mis pies coloreadas con ese barniz negro que tanto me gusta (al notarlo, quedé satisfecha). Mis pies eran delgados, mis dedos parejos (me gustaban mis pies). Formaban una escalera que invitaba a trepar, vaya a saber dónde y a quién.
Flotaba. Mis brazos se abrían cual Cristo crucificado. El agua me sostenía. Yo descansaba sobre ella, o tal vez era ella la que descansaba por debajo de mí. Mis pensamientos se detenían. Pero mi mente, rebelde y traicionera, aún inquieta, insistía en reparar en ese líquido cristalino. Le adjudicaba cientos de colores.
Flotaba. El sol posaba su lengua de fuego sobre mi piel; y perverso (o tal vez generoso) lamía aquellas partes mías, que permanecían en la superficie. Mis sentidos se exaltaban. Por escasos instantes creí haber percibido que toda yo, era sentidos.
Flotaba. Y en esa danza, serena y enigmática que mantuvimos a solas la naturaleza y yo, fui música y, a la vez, silencio. Fui ritmo, calma, día y, a la vez, fui noche. Luego, mi cuerpo perdió ese preciado y circunstancial equilibrio; me hundí, caí en el fondo. Sobresaltada, abrí mis ojos: unas cuantas burbujas ascendentes me hicieron comprender  que mi respiración ya no me pertenecía. Mis piernas se esforzaron en un pataleo absurdo, y aún creo recordar ese instante en el que, por última vez, vi mis uñas perfectamente pintadas con ese barniz negro que tanto me gusta


Stella Maris Riera, Argentina (1958) - Psicoanalista - Contadora de Historias 
Trilogía Final: Premiada y Publicada en Antología "Letras Argentinas de Hoy 2014" 
Edit. De Los Cuatro Vientos